Por Mon Molina
ElPregoneroRD- Cuando un político es pendular, dubitativo y poco creíble, sus seguidores serán por igual inseguros, dudosos y poco firmes en sus convicciones.
El que sigue a Donald Trump, ha de tener múltiples motivos para hacerlo . Sus razones serán tan diversas como sus posturas claramente equilibristas.
No son pocas las personas que siguen a Trump por sus “categóricas” afirmaciones de que va a terminar la guerra y evitará que ella escale a una dimensión mundial. Tras esa postura se aglutinan los pacifistas verdaderos, los partidarios de la paz condicionada y las personas menos delirantes y fanáticas.
Con su radical discurso contrario a los inmigrantes, Trump ha conseguido por igual, el amplio respaldo de las fracciones más conservadoras y elitistas de la sociedad norteamericana.
De igual manera, se sabe que, tras la larga lista de Trumpistas, medran por igual, los despojos del viejo marckartismo anticomunista, que apuestan al fin de la guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania, para dar inicio a una nueva guerra contra Cuba, Venezuela, Nicaragua Irán y todo aquello que huela a disidencia de la influencia imperial.
Los discursos de Trump de contenido antibelicista cuando se refiere al eje OTAN-UCRANIA, distan mucho de su extraña postura al señalar a Marcos Rubio, un espécimen de la llamada “gusanera cubana”, delirante promotor de catástrofes apocalípticas para nuestro continente, como su próximo secretario de estado. Ese hecho de por sí, augura, o una dolorosa aventura agresiva en nuestros lares o un vergonzoso silencio de parte del próximo jefe de la diplomacia imperial, resultando ineficaz su desempeño.
He leído a quienes afirman que la gestión de Trump influirá en la aplicación de una política migratoria efectiva en nuestro país con respecto a Haití, pero dudo que así sea. Me preocupa más, el efecto que tendrá sobre nosotros, cuando el anunciado “estado de emergencia” propuesto por Trump, comience a llenar nuestro país de los dominicanos ilegales que atestan las ciudades norteamericanas sean regresados a nuestro territorio, pero me preocupa mucho más, cuando junto a nuestros nacionales deportados, empiecen a ser incluidos todos aquellos, que a juicio de los gestores del “estado de emergencia”, resulten ser “dominicanos” según la interpretación que hagan ellos del ius solis y el ius sanguinis.
Reitero que ni Trump ni Kamala despertaron ni generan en mi, la más mínima simpatía, ya que ambos, sirven los mismos intereses y rezan al mismo santo y por esos motivos, ejerzo la libertad de criticar ambas caras de la moneda de la política norteamericana.



