Por Abril Peña
La noche del colapso en la discoteca Jet Set no solo dejó escombros visibles, sino también una herida abierta en la memoria emocional de todos los que estábamos allí o seguimos los hechos desde la distancia. En segundos, una celebración se convirtió en tragedia. Pero cuando el dolor es colectivo, la forma de enfrentarlo también debe serlo.
Los duelos masivos nos recuerdan lo vulnerables que somos, incluso en los lugares donde creemos estar más seguros. También nos enfrentan a una paradoja: cada quien sufre a su manera, pero todos sufrimos juntos. Las imágenes no se borran fácilmente. Los sonidos, los gritos, las llamadas perdidas. El miedo.
¿Cómo se supera algo así?
Primero, hay que validar el dolor. Lo que sentiste esa noche –o en los días posteriores– es real. Desde el shock hasta la culpa de haber salido ileso, pasando por la impotencia de no haber podido ayudar. Nombrar el trauma es el primer paso para desactivarlo.
Luego, debemos resistir el impulso de callarnos. Hablar, compartir, escribir, buscar espacios de expresión emocional es vital. El silencio sostenido solo cristaliza la herida.
También es importante resistir la saturación de imágenes violentas. No estás obligado a revivir el trauma para demostrar empatía. Cuidarte emocionalmente no es egoísmo; es responsabilidad afectiva contigo y con los demás.
Y quizás lo más urgente: transformar el dolor en acción. Preguntarnos por qué ocurrió. Si hubo negligencia, si se cumplieron los protocolos, si hay responsables. La justicia no alivia el duelo, pero puede evitar que vuelva a repetirse.
En momentos como este, necesitamos reencontrarnos como comunidad. Ayudar, donar, acompañar, abrazar. Porque sanar no es olvidar: es seguir viviendo sin dejar de sentir.
Estas recomendaciones son sugerencias generales respaldadas por profesionales de la salud mental que trabajan en contextos de trauma colectivo y emergencias emocionales. Siempre es recomendable buscar acompañamiento psicológico si el impacto emocional persiste.
Hoy lloramos juntos. Mañana, también nos toca reconstruirnos juntos.



