Opinión Política

El derrumbe de los dinosaurios: Cambiar al cambio: el miedo a los outsiders y la jugada de eliminar los partidos minoritarios

Presidente del BIS
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Por: José Francisco Peña Guaba


Estos partidos han gobernado el país desde el siglo pasado hasta este. 40 años entre PRD/PRM y PLD, 5 gestiones cada uno. A eso hay que sumarle los 22 años de gobierno del PRSC, organización política que hoy ya no tiene la influencia electoral de antes. Entre todos se repartieron el poder, las instituciones y la narrativa de lo que es la política dominicana.

Pero hoy, cuando ven que el piso se les mueve, en vez de renovarse, el poder quiere eliminar a los pequeños. Quieren reducir la cancha porque tienen miedo de perder el partido.

Y ese miedo tiene tres nombres: crisis interna, «Cambiar al Cambio» y outsiders.

EL DERRUMBE DE LOS DINOSAURIOS: SIN CANDIDATO, SIN RUMBO

Un partido sin candidato a dos años de las elecciones es un partido a la deriva.

En el PRM, el problema es de sucesión. El presidente no puede ir más. Y los que aspiran están más ocupados en desgastarse entre ellos que en construir un proyecto de país para después del 2028. Gobiernan, pero no proyectan. Administran, pero no enamoran.

En el PLD, el problema es de identidad. Salieron del poder fracturados y seis años después no han terminado de sanar. No tienen un liderazgo que una, ni un discurso que conecte con la generación que hoy vota por primera vez. Tienen estructura, pero no tienen cabeza.

Ese es el derrumbe. No es de votos todavía. Es de sentido. Es cuando una organización tan grande no sabe para dónde va.

«CAMBIAR AL CAMBIO»: CUANDO LA PROMESA SE VOLTEA

«El Cambio» fue el eslogan que llevó al PRM al poder en 2020. Era la promesa de hacer las cosas distinto.

Seis años después, la gente en la calle ya habla de «cambiar al cambio». Y no lo dice la oposición. Lo dice el ciudadano harto.

¿Por qué? Porque el costo de la vida no bajó. Porque la delincuencia no cedió. Porque la promesa de institucionalidad se topó con la realidad de la política tradicional.

El dominicano no es ingrato. Pero tampoco es tonto. Vota por esperanza y, cuando la esperanza no se cumple, busca otra. Y esa otra hoy no está necesariamente en los partidos de siempre.

EL MIEDO A LOS OUTSIDERS: EL VOTO DEL RECHAZO

El outsider no gana por bueno. Gana por comparación.

Cuando los partidos tradicionales se desgastan, cuando se ven como clubes cerrados, aparece el que «no es político». El empresario, el comunicador, el que promete llegar y «barrer».

Ese fenómeno no es dominicano. Es mundial. Y se alimenta de una sola cosa: el hartazgo.

PRM y PLD saben que ese es su principal adversario hoy. No es el otro partido tradicional. Es el «cualquiera menos ellos». Y por eso están nerviosos.

LA JUGADA: QUITAR DEL MEDIO A LOS PEQUEÑOS

En este contexto de crisis y de miedo, sectores vinculados al poder oficialista han impulsado una acción legal para quitarle la personería jurídica a 26 partidos minoritarios.

Dicen que es por la ley. Que no sacaron el 1%. Puede ser.

Pero la política no se hace solo con artículos. Se hace con intención.

¿A quién le conviene un sistema con menos partidos? A los grandes. ¿A quién le conviene una boleta con menos opciones? A los que tienen miedo de que el voto se disperse. ¿A quién le conviene eliminar posibles alianzas? A los que quieren controlar todo.

Esto es una estrategia del oficialismo para blindarse. Para que en el 2028 la pelea sea solo entre ellos y nadie más pueda colarse.

Eso es peligroso. Porque una democracia sin opciones, es una democracia de mentira. Y porque además le hace daño hasta a la Fuerza del Pueblo, que ha hecho el trabajo de organizarse y de definir su liderazgo en la figura del presidente Leonel Fernández. Un sistema cerrado siempre perjudica al que viene creciendo.

40 años gobernando entre dos. Y hoy, cuando sienten que pueden perder, la respuesta es cerrar el sistema en vez de abrirse al país.

Ese es el verdadero derrumbe. No el de los votos. El de la vocación democrática.

El 2028 ya empezó. Y se va a decidir entre el continuismo desgastado, el intento de regreso, y la aparición de nuevas opciones que capitalicen el descontento.

Si los partidos grandes siguen mirándose el ombligo y tratando de eliminar a los demás, que no se sorprendan cuando el pueblo busque la ventana.

Porque cuando cierran la puerta, la gente siempre encuentra cómo entrar.