La periodista Wanda Sánchez se quejaba amargamente hace unos días, que llevó a su esposo al Ramón de Lara y su seguro no fue aceptado, y preguntaba para que tiene seguro.
Ayer, la nutrióloga y diabetóloga, Madeline Durán, se quejaba que los seguros no quieren cubrirla, ya que consideran que sus servicios son «estéticos».
¿Entonces, los pacientes con diabetes, colesterol, cardiopatías, obesidad morbida, úlceras, etc., etc., que deben sí o sí pasar por donde un médico de este tipo para completar su tratamiento, que se suponen que deben hacer?
Estas dos situaciones, aunque distintas entre sí, terminan con un mismo resultado: los asegurados «clientes» no pueden recibir los servicios que necesitan y por lo que paga, puesto que el cartel de las aseguradoras se abrogan el derecho de decidir, qué médicos o especialistas pueden vernos, cuáles procedimientos podemos realizarnos y qué medicamentos podemos utilizar.
Seguimos esperando, porque el Congreso ejerza su función y fiscalize esto puesto, que la salud es un derecho de primera generación y definitivamente a pesar de sus derecho, es más bien, un negocio, el negocio del capaperro para los clientes y médicos, claro,!puesto que las aseguradoras se siguen llenando los bolsillos mientras nosotros seguimos vaciándolos.
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