Isaac Colón
influencer conservador
En política, los apellidos suelen sugerir continuidad. Las ideas, no siempre.
Leonel Fernández y Omar Fernández comparten algo mucho más profundo que una organización política. Son padre e hijo. Comparten apellido, historia, afectos, adversarios y, desde hace algunos años, también el mismo partido.
Pero empiezan a dejar claro que no necesariamente comparten la misma idea del Estado, de la economía ni del lugar desde el cual debe pensarse la política.
Y quizás esa sea una de las discusiones más interesantes que hoy existen dentro de la Fuerza del Pueblo.
No porque haya una ruptura.
Sino porque hay una diferencia.
Una diferencia cada vez más difícil de ignorar.
Durante décadas, la política dominicana se acostumbró a partidos donde podían convivir prácticamente todas las corrientes ideológicas siempre que existiera un liderazgo capaz de articularlas.
La pregunta ahora es distinta.
¿Qué ocurre cuando dentro de una misma organización comienzan a convivir no simplemente generaciones diferentes, sino dos concepciones distintas de cómo debería funcionar el país?
Leonel Fernández se ha ubicado públicamente dentro del espacio de centroizquierda. En junio de este año volvió a referirse al auge regional de la derecha como parte de un ciclo político y describió a los principales partidos dominicanos como organizaciones de centroizquierda.
Omar Fernández ha escogido otro lugar.
Y lo interesante es que no se trata únicamente de una definición reciente.
Hace unos tres años, al ser preguntado por su orientación ideológica, ya había expresado una inclinación hacia la derecha. Incluso, colocado ante la disyuntiva entre Lula y Bukele, eligió al presidente salvadoreño.
Lo novedoso no parece ser entonces la orientación.
Lo novedoso es la decisión de nombrarla sin rodeos.
Dos ideas del Estado
Quizás donde mejor se observa la distancia entre ambos es en la economía.
Leonel Fernández ha defendido históricamente un Estado con mayor capacidad fiscal. En 2024 recordó que la Estrategia Nacional de Desarrollo había previsto una presión tributaria de 19 % para 2020 y de 21.5 % para 2025, mientras el país permanecía por debajo del 15 %. Su planteamiento, sin embargo, no fue simplemente aumentar impuestos: habló de reducir evasión, disminuir gasto tributario y ampliar la formalización.
Omar parte de otra premisa.
“El Estado es demasiado grande”, afirmó recientemente.
Su visión, según explicó, es la de un Estado más pequeño, eficiente y menos burocrático, que promueva la libertad económica, la reducción del gasto público, las libertades individuales y la propiedad privada.
No es una diferencia semántica.
Es una diferencia filosófica.
Uno parte de la necesidad de fortalecer la capacidad del Estado.
El otro parte de la necesidad de limitar su tamaño.
Es posible que ambos lleguen ocasionalmente a las mismas conclusiones prácticas.
Pero no necesariamente llegan por el mismo camino.
El expediente fiscal de Omar
Las posiciones de Omar en materia económica tampoco han quedado únicamente en declaraciones.
Como legislador ha impulsado la eliminación del anticipo para micro y pequeñas empresas, la eliminación del anticipo al sector agropecuario, la supresión del gravamen sobre hipotecas, modificaciones al impuesto patrimonial de adultos mayores y mecanismos de flexibilización tributaria.
También convirtió la indexación salarial en una de sus principales banderas fiscales.
Su tesis ha sido sencilla: si la inflación aumenta pero los tramos del impuesto sobre la renta permanecen congelados, trabajadores que antes estaban exentos terminan pagando impuestos simplemente porque su salario nominal subió.
Por eso ha insistido en llevar el mínimo exento hasta aproximadamente RD$52,000 mensuales, conforme a su interpretación de la indexación acumulada establecida por la legislación tributaria.
Cuando el Gobierno decidió eliminar parte de los anticipos y determinados impuestos hipotecarios, Omar reconoció públicamente esos avances, aunque reclamó que fueran más lejos.
Es una forma de oposición política que merece atención.
No consiste en rechazar una medida porque venga del adversario.
Consiste en preguntarse si coincide con una determinada visión económica.
Eso también es ideología.
Pero la distancia no es absoluta
Sería intelectualmente cómodo construir una historia en la que el padre representa impuestos altos y el hijo impuestos bajos.
Los hechos son más complejos.
Durante la discusión fiscal de 2026, Leonel Fernández también rechazó nuevas cargas tributarias y pidió al Gobierno retirar los aumentos de impuestos planteados. Más aún: solicitó la aprobación de varias propuestas de flexibilización fiscal promovidas precisamente por Omar, incluyendo anticipos, hipotecas e indexación salarial.
Ahí aparece una distinción importante.
Las coincidencias coyunturales no eliminan las diferencias doctrinales.
Dos dirigentes pueden coincidir frente a una propuesta concreta y, sin embargo, imaginar de manera distinta el Estado ideal.
La política está llena de esas paradojas.
Conservadurismo social
También existe una trayectoria verificable en Omar que precede a su definición ideológica actual.
En 2021 figuró entre los diputados que se identificaron públicamente como provida y se opusieron a las tres causales del aborto.
Ese mismo año sostuvo que aprobar determinadas causales chocaría con su interpretación del artículo 37 de la Constitución sobre la protección de la vida desde la concepción.
Más recientemente ha vuelto a describirse como conservador y de derecha, asociando esa posición con la familia tradicional, el rechazo a determinadas agendas globalistas y una visión más limitada del Estado.
Pero tampoco se trata únicamente de declaraciones o votaciones.
Durante los últimos años, Omar ha ido acercándose a espacios y figuras vinculadas a la derecha política internacional.
En enero de 2025 viajó a Washington con motivo de los actos de toma de posesión de Donald Trump. Su agenda contemplaba encuentros con figuras relevantes del nuevo poder republicano, entre ellas Marco Rubio, Rick Scott y los congresistas Byron Donalds, Kat Cammack y Cory Mills.
Meses después participó en Florida en el Foro Panamericano de la Libertad 2025. Allí, ante dirigentes del Partido Republicano, defendió el derecho soberano de la República Dominicana a deportar a quienes se encuentren irregularmente en el territorio nacional, reclamó la aplicación de la regla laboral 80/20 y planteó la mecanización de sectores productivos para reducir la dependencia de mano de obra extranjera.
Su mensaje entonces fue particularmente sencillo:
primero los dominicanos.
También ha tenido acercamientos con referentes de la derecha española como Iván Espinosa de los Monteros y ha estado presente en espacios vinculados a Turning Point USA. En 2026 fue, además, invitado a participar en CPAC Puerto Rico, uno de los espacios de articulación del movimiento conservador en la región, invitación que había confirmado aunque finalmente no pudo asistir.
Ninguno de esos encuentros, por sí solo, determina una ideología.
Pero cuando se observan junto a sus posiciones legislativas, económicas y sociales, empiezan a dibujar una trayectoria.
Y una trayectoria resulta más difícil de explicar como una moda de las últimas semanas.
Aquí, sin embargo, la separación con Leonel tampoco es perfecta.
Porque el expresidente no encaja cómodamente en el estereotipo de la izquierda cultural contemporánea.
Ese es precisamente uno de los elementos que vuelve interesante la comparación.
En República Dominicana, derecha e izquierda nunca han funcionado como compartimentos completamente puros.
Haití: quizá la discusión más sensible
Existe otro terreno donde la evolución de ambos liderazgos merece ser observada: Haití.
Omar ha construido en los últimos años una posición particularmente dura sobre migración irregular.
En 2025 planteó que funcionarios vinculados al tráfico ilícito de migrantes fueran inhabilitados de por vida para ejercer cargos públicos y respaldó penas de hasta 40 años para determinados delitos de trata y tráfico de personas.
También ha insistido en tratar el problema desde la óptica de soberanía nacional.
A Leonel, en cambio, sus adversarios le atribuyen parte de la responsabilidad histórica por el crecimiento de la migración haitiana durante sus administraciones.
Es una acusación políticamente potente.
Pero el expediente histórico tampoco permite una lectura de una sola línea.
Durante su administración fue promulgada la Ley General de Migración 285-04, y en 2010 se incorporaron a la Constitución disposiciones que definieron con mayor precisión quiénes adquieren la nacionalidad dominicana. El reglamento de aplicación de la ley migratoria fue emitido en 2011.
Al mismo tiempo, críticos de aquellas administraciones señalan que el Plan Nacional de Regularización previsto por la ley no llegó a implementarse durante sus gobiernos y utilizan las cifras de inmigración de ese período para responsabilizarlo por parte del desorden posterior.
Ambas cosas pueden formar parte del mismo expediente.
La política migratoria también tiene contradicciones.
¿Camaleones?
En las últimas semanas ha empezado a circular una palabra.
“Camaleones”.
A Leonel Fernández se le ha acusado durante años de adaptar sus posiciones a los cambios del entorno político.
Ahora algunos pretenden trasladar el mismo calificativo a Omar.
La tesis es sencilla: la derecha avanza en América Latina, Donald Trump regresó a la Casa Blanca y el conservadurismo vuelve a ocupar espacios importantes en Occidente. Por consiguiente, definirse ahora como un político de derecha sería simplemente acomodarse a los nuevos tiempos.
Es una hipótesis posible.
Pero las hipótesis también tienen que enfrentarse a los hechos.
Y, sobre todo, a las fechas.
Una conversión política puede producirse en un día.
Una trayectoria necesita tiempo.
Antes de que la actual ola conservadora adquiriera la dimensión que hoy tiene, Omar ya se había declarado provida y había votado conforme a esa posición.
Antes de definirse recientemente y sin rodeos como un político de derecha, ya había expresado públicamente su inclinación hacia ese espacio ideológico.
Antes de que esa definición se convirtiera en noticia, ya impulsaba desde el Congreso reducción de impuestos, eliminación de anticipos, indexación salarial y alivios para emprendedores.
Ya había defendido posiciones estrictas sobre inmigración irregular.
Ya había participado en escenarios políticos conservadores fuera del país.
Por eso quizá la pregunta correcta no sea si Omar Fernández se convirtió en un político de derecha en 2026.
Tal vez sea otra:
¿cambió de ideas o simplemente tardó en ponerles nombre públicamente?
Una fotografía no es la ideología
En política exterior existe otra confusión frecuente.
Una fotografía se convierte rápidamente en prueba ideológica.
Una reunión, en afiliación.
Una conversación, en adhesión.
Omar ha sido cuestionado por imágenes y encuentros con figuras identificadas con el Partido Demócrata de los Estados Unidos.
Pero ese criterio produciría consecuencias absurdas si se aplicara de manera consistente.
Los jefes de Estado se reúnen con adversarios ideológicos todos los días.
Donald Trump ha sostenido reuniones con políticos de izquierda como Lula da Silva o Gustavo Petro. Presidentes latinoamericanos de signo contrario comparten cumbres. Leonel Fernández ha tenido relaciones institucionales con gobiernos republicanos y demócratas.
Incluso en enero de 2026, Luis Abinader y Leonel Fernández visitaron a Bill y Hillary Clinton en Punta Cana, y Omar asistió junto a su padre porque este le pidió acompañarle a dicho encuentro.
Una fotografía demuestra proximidad física.
No necesariamente proximidad doctrinal.
Y el argumento funciona en ambas direcciones.
Una fotografía con Bill Clinton no convierte a nadie en progresista.
Como tampoco una fotografía con un dirigente republicano lo convierte automáticamente en conservador.
Si utilizáramos las fotografías como brújula ideológica, tendríamos que concluir que Omar es de izquierda cuando aparece con los Clinton y de derecha cuando comparte con dirigentes republicanos.
Las dos conclusiones serían igualmente pobres.
La ideología de un dirigente se determina mejor por aquello que defiende, propone y vota.
Un hombre de Estado que solo acepta conversar con quienes piensan como él no es un estadista.
Es un militante fanático.
La verdadera pregunta
Todo esto conduce hacia una interrogante mucho más grande que Omar o Leonel.
¿Qué es ideológicamente la Fuerza del Pueblo?
Hasta ahora, su identidad ha estado inevitablemente ligada a la figura de Leonel Fernández.
Eso es natural.
Él la fundó.
Él la conduce.
Él representa su principal liderazgo.
Pero los partidos sobreviven a sus fundadores únicamente cuando desarrollan la capacidad de albergar nuevas generaciones y nuevas interpretaciones del país.
Y quizás eso es exactamente lo que comienza a ocurrir.
Leonel representa una tradición política formada en el pensamiento socialdemócrata y progresista latinoamericano, con una visión de Estado fuerte, institucionalidad, inversión pública y capacidad fiscal.
Omar empieza a construir otra síntesis: conservadurismo social, liberalismo económico, reducción del gasto y del tamaño del Estado, emprendimiento, propiedad privada, alivio tributario y una concepción más estricta de soberanía.
Padre e hijo.
Un partido.
Dos mentalidades.
La diferencia importa porque 2028 no será solamente una discusión sobre personas.
Será, inevitablemente, una discusión sobre rumbos.
Si Leonel volviera a gobernar, el país tendría bastante evidencia histórica para imaginar el tipo de Estado que intentaría construir.
Si, en cambio, lo hiciera Omar, todavía estamos empezando a descubrirlo.
Pero por primera vez esa respuesta comienza a tener contornos ideológicos reconocibles.
Y eso plantea una paradoja poco común en nuestra política:
el relevo generacional dentro de la Fuerza del Pueblo podría no significar simplemente cambiar de líder.
Podría significar cambiar de dirección.
La sangre los une.
Las ideas tendrán que decir hasta dónde.



