Cultura Educación Efemérides Medio Ambiente

 ¿Quién cuida este país? Día del medio ambiente en una tierra que se deja arrasar

Compartir

Por Abril Peña

El PregoneroRD- Cada 5 de junio, el mundo recuerda que no hay planeta B. Que la tierra no es eterna. Que el agua se acaba. Pero en República Dominicana, esa fecha suena más a reclamo que a conmemoración.

¿Qué celebramos? ¿La desaparición silenciosa de ríos? ¿El desmonte sin control de montañas?¿La permisividad con proyectos que amenazan nuestras áreas protegidas?

Un país que devora su propia belleza. Mientras el turismo vende naturaleza, el sistema político la descuida o la entrega.

Más del 60 % de los ríos del país presentan niveles preocupantes de contaminación por desechos sólidos, químicos y aguas residuales sin tratar.

En lugares como el Ozama, el Yaque del Norte o el Higuamo, la gente ha aprendido a vivir con el hedor y la resignación.

Y más de 100 ríos han desaparecido o reducido drásticamente su caudal en las últimas décadas, según datos de instituciones ambientales y comunitarias.

¿Quién protege el agua, los suelos, el aire?

La ley 64-00 sobre Medio Ambiente existe. Pero rara vez se aplica con contundencia cuando los responsables no son comunitarios, sino empresas o figuras con poder.

Se exige permiso para abrir una porqueriza rural, pero hay fincas, hoteles y megaproyectos que operan como si el medio ambiente fuera propiedad privada.

El ecocidio lento y consentido

La tala en zonas como San José de las Matas o Valle Nuevo. La contaminación por plásticos en ríos costeros y zonas pesqueras. El uso descontrolado de agroquímicos que afecta a cuencas como la del Yuna. La ocupación irregular en humedales y manglares. La quema para carbón.

Y mientras tanto, las campañas verdes suenan más fuerte que las acciones reales.

Un llamado desde adentro

Hoy no basta con sembrar árboles un día al año. Ni con hacer videos con drones de playas limpias.

Se necesita voluntad política, fiscalización efectiva y una ciudadanía que entienda que la lucha ambiental no es estética: es existencial.

Este 5 de junio no celebremos.

Denunciemos. Porque cuando un país deja morir sus ríos, se está dejando morir a sí mismo.