De política, políticos y politiquería

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Por Sauris Ramírez


Los presentes párrafos tienten como finalidad reflexionar sobre los términos política, políticos y politiquería, que son materia de debate en tiempos pre y poselectorales en un país como el nuestro, donde somos expertos de todo y de nada, y donde el debate político, a veces insustancial, es entretenimiento o modo de vida en las diferentes capas sociales. Pero, ante todo, porque creo que en esta etapa donde un nuevo presidente está armando su plataforma de gobierno para darle respuesta a un pueblo hastiado de la politiquería y muy expectante ante su accionar, sería saludable mantener presente las acepciones de estas palabras.

En cualquier diccionario nos encontramos con que la política es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de una comunidad humana. Constituye una rama de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por seres humanos libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.

Es la ciencia social que estudia el poder público o del Estado, promoviendo la participación ciudadana al poseer la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para garantizar el bien común en la sociedad.

Esto importantiza esta ciencia y las actividades que ella envuelve en objetivos nobles tendentes al bien común, donde las mayorías y las minorías pueden llegar a acuerdos que beneficien todos en una nación libre y democrática.

Los mismos diccionarios te definen el político como una persona que se dedica a realizar actividades políticas, ya sea vinculadas a la administración pública; se considera que un político es toda persona afiliada a un partido político y que ha sido elegida o nombrada para tareas asociadas a organismos, asociaciones o instituciones públicas. En segundo lugar un político puede referirse a cualquier persona afiliada a una asociación o grupo que desarrolle actividad partidaria, con independencia de si ostentan o no algún cargo público.
Pero, es aquí, en la práctica, donde muchos pseudolíderes han desvirtuado y enlodado la noble ciencia, alejándose de lo que establece el ordenamiento jurídico de la mayoría de los países, los cuales establecen que los políticos elegidos o nombrados como representantes del pueblo en el mantenimiento, la gestión, y la administración de los recursos públicos deben velar por el interés general de los ciudadanos y mantenerse dentro de una ética profesional de servicio al ciudadano y no hacia sí mismo.

La degradación de la actividad política ha llevado a que se acuñe el termino politiquería para englobar la corrupción, la demagogia, el sectarismo y la incompetencia y otros tantos males que afectan en mayor o menor medida a la clase política de la mayoría de los países. De ahí que gran parte de la población entienda que el mundo de la política está regido por intereses ilegítimos e innobles, así como criterios ruines y mezquinos.

En por eso que, en algunos países, como República Dominicana, hay un malestar evidente hacia la política, sobre todo por los casos de corrupción relacionados con los representantes del pueblo, la lucha descarnada por el poder o la demagogia en los discursos lo cual ha provocado un profundo desencanto en amplios sectores de la ciudadanía.

La politiquería no es un fenómeno exclusivo del presente, pues de alguna manera siempre ha habido líderes políticos con inclinaciones perversas, basta echarle una ojeada a nuestra historia en sus diferentes etapas republicanas.

El triunfo del licenciado Luis Abinader Corona y el posterior nombramiento de su gabinete presidencial es una oportunidad para desintoxicar el accionar político en nuestro país. Pero, para ello es indispensable la penalización de los que, valiéndose de su función o puestos en el Estado, han violado las leyes o se han enriquecido con el erario. Del mismo modo es vital la selección de nuevos funcionarios acordes al perfil exigido por los puestos y con las características del imaginario ciudadano de que sean personas justas, preparadas y con vocación de servicio a su pueblo.

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