Editorial

Cosas veredes… y las que faltan

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@abrilpenaabreu

Lo denunciado por Karina Aristy no es nuevo. A principios de año, el propio senador de Pedernales dijo algo parecido: que todo el país habla de Pedernales, del milagro turístico, de la “joya del sur”, pero que el municipio cabecera recibe poco o nada. Y si seguimos el mapa, veremos el mismo patrón en casi todas las provincias donde existe un polo turístico: un municipio acapara la inversión y el resto mira desde la orilla cómo la bonanza pasa de largo.

¿Es un problema exclusivo de los polos turísticos? ¿O estamos frente a un síntoma más profundo, más estructural, que atraviesa la lógica misma de la inversión pública?

Porque hay algo que se discute por lo bajo —pero se discute—: que las obras y prioridades de las instituciones con alcance nacional están respondiendo, en muchos casos, a la afiliación política de los alcaldes. Si esto es verdad, si el avance o el abandono de una demarcación depende de que quién dirige el ayuntamiento, apoye a X o Y para las internas del PRM, no estamos ante un capricho aislado. Estamos ante una falla grave del sistema.

Y entonces la pregunta clave aparece: ¿qué es peor —la falta de previsión, el favoritismo, la desidia, la incompetencia… o la mezcla de todas?

Porque cuando una autoridad decide hacer pública su inconformidad, es porque ya no fue posible resolverlo en privado. Es un mensaje… y un mensaje grave. Más todavía cuando estamos a casi tres años de las elecciones y el gobierno ya parece entrar en baño de María, con las burbujas subiendo lentamente antes de que hierva el agua política.

Lo que estamos viendo es la consecuencia de no tener una visión 360 de desarrollo territorial. El país sigue diseñando obras como si fuéramos islas dentro de una isla, sin conectar un municipio con su entorno, sin distribuir las oportunidades, sin crear corredores de crecimiento que permitan que la riqueza de uno derrame sobre los demás.

Y sí… cosas veredes. Y las que faltan.

Porque cuando autoridades locales de distintos colores empiezan a levantar la mano —no para pedir, sino para denunciar— es porque debajo hay un problema más grande que una foto en redes o una rueda de prensa puede esconder. Y también porque se acerca el ruido político, ese que siempre hace crujir las tuberías del Estado.

Que el país tome nota. Las advertencias a tiempo son oportunidades… pero ignorarlas convierte las grietas en fracturas.