Por Abril Peña
La madrugada del lunes 8 de abril de 2025 quedará grabada en la memoria de República Dominicana. La tragedia ocurrida en la emblemática discoteca Jet Set, donde colapsó el techo durante una presentación del merenguero Rubby Pérez, ha cobrado la vida de al menos 27 personas y ha dejado más de 130 heridos. Una noche de alegría se transformó en minutos en una pesadilla de escombros, caos y luto nacional.
En medio del dolor y la indignación por las vidas perdidas y las preguntas que inevitablemente surgirán sobre responsabilidades y negligencias, también hay una necesidad urgente: educar a la población sobre qué hacer si nos encontramos atrapados bajo una estructura colapsada. Porque lo que se aprende en medio de una tragedia, puede salvar vidas en la próxima.
Aquí una guía esencial que todo ciudadano debería conocer:
1. Mantén la calma y evalúa tu estado
El pánico es el primer enemigo. Si estás consciente, respira profundo y evalúa tus heridas. Conservar la claridad mental puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
2. No grites innecesariamente
Gritar agota oxígeno, especialmente si estás en un espacio cerrado. En su lugar, golpea superficies metálicas o tuberías a intervalos regulares para alertar a rescatistas.
3. Protege tus vías respiratorias
El polvo puede causar asfixia. Usa un pañuelo, camiseta o cualquier tela para cubrir nariz y boca.
4. No muevas escombros pesados
Intentar salir sin conocer la estabilidad del entorno puede generar más colapsos. Muévete solo si ves una salida clara y segura.
5. Ahorra energía
Conserva calor corporal, mantente inmóvil o en posición fetal si estás en un espacio reducido. No desperdicies fuerzas gritando continuamente.
6. Escucha y responde con estrategia
Si escuchas a rescatistas, responde con golpes o sonidos cortos. Habla solo si estás seguro de que pueden oírte.
7. Ten esperanza, pero sé paciente
Las operaciones de rescate pueden durar horas o días. La historia está llena de sobrevivientes rescatados incluso después de 72 horas bajo los escombros.
Esta guía no reemplaza el deber de las autoridades de garantizar estructuras seguras, pero sí empodera al ciudadano común a aumentar sus probabilidades de supervivencia.
Hoy la nación llora. Pero que el dolor no nos paralice: que nos impulse a exigir seguridad, responsabilidad y también educación preventiva. Porque mientras no podamos evitar todos los desastres, sí podemos prepararnos mejor para sobrevivirlos.



