@abrilpenaabreu
En estos días, Amnistía Internacional ha lanzado una campaña global recogiendo firmas contra la política migratoria dominicana. Según ellos, estamos violando derechos por repatriar a ciudadanos haitianos en situación irregular. Pero lo que no dicen —o deciden ignorar— es que República Dominicana es el país que más haitianos recibe y, por simple lógica, también el que más deporta.
¿Dónde están sus campañas contra Bahamas, Canadá o Estados Unidos, donde también se hacen deportaciones constantes? ¿Dónde están sus plantones frente a las embajadas de esos países? ¿O es que los derechos humanos solo se violan cuando se trata de una nación pequeña y empobrecida como la nuestra?
Seamos claros: Haití merece una mejor suerte, y su pueblo ha sido víctima de un abandono histórico, tanto de su élite como de la comunidad internacional. Pero ese no es un problema dominicano. Es un problema global. Y si tantos organismos quieren ayudar, que lo hagan donde realmente se necesita: en Haití. No detrás de un teclado exigiendo que RD resuelva lo que ni el propio Estado haitiano ha podido dar a su gente.
Los dominicanos ya hemos demostrado empatía, solidaridad, humanidad. Pero la ayuda no puede convertirse en suicidio nacional. No tenemos que arrastrarnos al mismo abismo para complacerlos. No tenemos que sacrificar nuestra soberanía ni nuestra estabilidad para complacer a una narrativa internacional que muchas veces está cargada de hipocresía y desconexión.
Y como dice el dicho: te puedo acompañar al cementerio, pero no enterrarme contigo.



