Cultura Efemérides

Amaury Germán Aristy: morir por una idea… y vivir como ejemplo

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Por Abril Peña

ElPregoneroRD- Un 15 de junio de 1947 nació en San Pedro de Macorís uno de los jóvenes más valientes —y más temidos por el poder— que ha parido esta tierra: Amaury Germán Aristy. A los 24 años cayó acribillado en Santo Domingo, rodeado, sin rendirse. Lo mataron, pero no pudieron callarlo.

Hoy, 78 años después de su nacimiento, su nombre todavía vibra en las paredes de la historia dominicana. No por la cantidad de balas que resistió, sino por el tamaño de sus convicciones.

Un joven de su tiempo… y del nuestro

Amaury no fue un improvisado. Fue poeta, periodista, dirigente estudiantil, lector obsesivo, militante de izquierda y miembro fundador del Frente Revolucionario Independiente (FRI). En 1971, junto a otros tres jóvenes —Bienvenido Leal Prandy, Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo Pérez— integró el comando de resistencia más simbólico del siglo XX dominicano: Los Palmeros.

No eran terroristas. No eran delincuentes. Eran jóvenes dispuestos a dar la vida luchando contra la represión de Joaquín Balaguer, cuyo régimen asesinó, desapareció y persiguió a cientos de opositores tras la Guerra de Abril de 1965. Su lucha era contra el autoritarismo que se vendía como democracia, contra el miedo disfrazado de orden.

12 de enero de 1972: morir de pie

Aquel día, en una cueva improvisada bajo tierra en Santo Domingo Este, Amaury y sus compañeros fueron delatados. Más de 300 hombres del Ejército y la Policía cercaron la zona. El operativo duró horas. No se rindieron. Salieron disparando hasta que cayeron uno por uno. Amaury fue el último. Lo mataron en la acera, aún con vida, sin juicio, sin perdón.

Balaguer escribió después: “Amaury Germán Aristy murió heroicamente. Es una lástima que haya estado tan equivocado”.

La historia, sin embargo, parece estar menos confundida.

¿Qué hacemos con su memoria?

Hablar de Amaury Germán Aristy es incómodo. Porque recuerda que los cambios no siempre se logran en salones refrigerados, ni con tibieza. Porque incomoda a quienes prefieren olvidar que aquí se mató por pensar distinto. Porque su nombre confronta la amnesia nacional.

Hoy, cuando la juventud es acusada de indiferente, vale la pena recordar que hubo un Amaury que con apenas 24 años escribió con sangre que otra patria era posible.

No lo convirtamos en estatua para dormir su legado. No lo reduzcamos a mártir sin preguntarnos:

¿Por qué hubo que morir para que entendiéramos lo que era vivir con dignidad?