Parte del empresariado y oligarquía dominicano han expresado su preocupación por la indiscriminada inmigración haitiana, el daño que está causando y que podría causar en el futuro a la llamada industria sin chimenea.
La culpa no es de los infelices que en busca de mejor vida, que van al polo turístico a construir y se quedan creando puebluchos ante la indiferencia de las autoridades y en contubernio con ellos.
Dicen que la gente no aprende hasta que le dan por donde duele y en el caso que nos ocupa el bolsillo de los hoteleros está empezando a doler y quieren suturar la herida, pero la misma tiene una necrosis difícil de extirpar.
¿Cómo mover poblados enteros de indocumentados indigentes?
Se dejó crear una situación humanitaria sin precedentes y ahora tenemos el principal polo turístico del país rodeado de un cordón de pobreza, más la presión internacional, más la ceguera de unos cuantos que se niegan a ver la gravedad de la situación y que también ven.
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