@abrilpenaabreu
Hace unos días el Vaticano acusó a República Dominicana de expulsar refugiados haitianos, maltratarlos y cometer abusos —incluyendo muertes en centros de detención— sin ofrecer un solo ejemplo concreto. . Aún se espera que nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores presente una respuesta, pero parece que el país no tiene defensores, y hay que decirlo parece que no los tiene ni dentro ni fuera.
En la frontera la violencia crece: hace casi un año fue asesinado un militar dominicano. Este fin de semana, al menos cuatro militares resultaron heridos por piedras lanzadas desde el otro lado, y más de 100 haitianos intentaron cruzar por la fuerza, enfrentándose a las autoridades y dejando heridos de cada lado, sin que haya declaraciones oficiales al respecto.
Increible son los videos filtrados que muestran a bandas haitianas armadas con armas de guerra superiores a las nuestras. Y aunque el armamento no fuera tan avanzado, la pobreza también mata. Una piedra, un machete o un palo son igualmente letales cuando no existe control.
En algún momento, esto se convertirá en una tragedia. Cuando ese día llegue y un militar defienda su vida y nuestro territorio, quedará estigmatizado como el agresor, mientras que quienes lancen la piedra serán retratados como un “infelices en busca de una vida mejor”. Así son las cosas cuando no contamos nuestra propia historia: nos convertimos en villanos y el mundo en espectadores mal informados.
¿Dónde están las respuestas de las autoridades ?
Seguimos a la espera, El Estado se mantiene en silencio. No hay datos sobre cuántos militares han resultado heridos en los últimos años (aunque en varios momentos se publicaron).
No hay informes oficiales, no hay rueda de prensa. Y, como ya es costumbre, hasta que ocurra algo grave, nadie hablará.
El silencio es peligroso, porque da cabida a teorías conspiranoicas, no hay luego una muestra de cómo llegamos a la z y permite que la desinformación en general campee por sus fueron y la radicalización crezca.
En esa frontera porosa no ha sucedido una desgracia por pura suerte pero también porque Nuestra gente ha actuado con prudencia y paciencia, evitando un choque mayor. Pero esa espera no puede durar para siempre.
Cada día que pasa sin acción, aumenta la tensión, el riesgo y el resentimiento.
Y cuando uno de nuestros soldados “responda” al ataque, no será un acto de agresión: será un acto de supervivencia y soberanía. Pero quien lo sabrá ? Nosotros no tenemos bujía para enfrentar a la diplomacia haitiana y a la masiva industria comunicacional que a la fecha nos ha doblado el brazo siempre.
No queda más tiempo para ser timoratos, El miedo a a seguir pareciendo agresivos no puede seguir siendo una excusa.
Un país que no protege su territorio, su gente y su orgullo no merece llamarse nación.
Exigimos una respuesta clara: estadísticas precisas, defensa activa, mensajes institucionales que defiendan a nuestros soldados y a nuestra soberanía.
Porque nadie está obligado a dejarse morir solo porque el otro sea pobre.
Y si las autoridades aún no han comprendido la gravedad de esta invasión silenciosa y estas provocaciones disfrazadas de necesidad, tal vez el pueblo sí lo hará cuando sea demasiado tarde.



