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¿Paz con Irán o simple pausa táctica? El acuerdo que podría redefinir Medio Oriente

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Por Abril Peña

Durante décadas, la relación entre Estados Unidos e Irán ha sido una mezcla explosiva de amenazas, sanciones, guerras indirectas y diplomacia fallida, por eso, el reciente anuncio de un acuerdo preliminar de paz entre Washington y Teherán, aunque es mirado con escepticismo no es un hecho menor: podría convertirse en uno de los movimientos geopolíticos más relevantes de los últimos años o, por el contrario, en otro capítulo de promesas incumplidas en una región acostumbrada a los conflictos interminables.

Ojo, aún no se trata de un tratado definitivo, sino de un entendimiento marco sujeto a negociaciones técnicas, pero el solo hecho de que ambas partes hayan decidido sentarse nuevamente a negociar revela algo importante: el costo de continuar el conflicto ya comenzaba a ser demasiado alto para todos.

Pero ¿Qué contiene realmente el acuerdo? El entendimiento preliminar gira alrededor de cinco ejes fundamentales: un cese de hostilidades, garantías sobre el programa nuclear iraní, reapertura comercial, alivio gradual de sanciones y un periodo de implementación supervisado internacionalmente.

La pieza central del acuerdo es, sin duda, el tema nuclear: Irán habría aceptado limitar significativamente su capacidad de enriquecimiento de uranio y permitir nuevamente inspecciones internacionales estrictas para garantizar que su programa no derive hacia la fabricación de armas nucleares. A cambio, Estados Unidos y sus aliados europeos estarían dispuestos a flexibilizar parte de las sanciones económicas que durante años han golpeado severamente la economía iraní.

Pero aquí aparece la primera gran interrogante: ¿realmente confían uno en el otro? Desde la perspectiva iraní, el recuerdo sigue fresco, en 2015, Teherán firmó el acuerdo nuclear impulsado durante la administración de Barack Obama, solo para ver cómo años después Donald Trump abandonaba unilateralmente el pacto e imponía nuevas sanciones. Eso dejó una herida diplomática profunda, muchos dentro del establishment iraní temen que cualquier compromiso actual pueda desaparecer con un simple cambio político en Washington.

Pero la premura se debe principalmente al petróleo, prácticamente nada se mueve sin combustible y esto probablemente explica gran parte de la urgencia internacional, todos han tenido un baño de realidad en un mundo, dependiente del crudo no pueden haber conflictos a largo plazo que dificulten su camino.

Irán controla una posición estratégica en el estrecho de Ormuz, una vía marítima por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial (entre otras cosas) . Cada amenaza de cierre de esa ruta provoca nerviosismo en los mercados, aumento de precios y presión inflacionaria global, la reapertura gradual del estrecho y la normalización parcial del comercio energético podrían convertirse en una bocanada de aire para economías golpeadas por altos costos energéticos.

Para Estados Unidos, estabilizar los precios del petróleo también tiene un valor político interno, ningún gobierno quiere entrar en un ciclo electoral con inflación elevada y combustible costoso, y las elecciones de medio término están a la vuelta de la esquina.

Sin embargo hay un gran ausente en esta historia con supuesto final feliz: Israel

Parece que se convertirán en la pieza incómoda en este rompecabezas, porque aunque Washington e Irán parecen avanzar hacia una desescalada, el gobierno israelí mantiene profundas reservas sobre cualquier acuerdo que no neutralice completamente la capacidad militar iraní y el respaldo de Teherán a grupos armados regionales como Hezbollah o Hamas.

En términos simples: Estados Unidos puede querer reducir tensiones, pero Israel no necesariamente comparte el mismo nivel de confianza, ese desacople podría convertirse en uno de los principales riesgos para la sostenibilidad del acuerdo, basta un incidente militar en Líbano, Siria o Gaza para volver a incendiar la región.

Más que nunca la premisa de que los países no tienen amigos si no aliados se cumple en este escenario: Israel y USA son aliados históricos, pero ahora mismo sus intereses, por lo pronto parece que no coincidirán

¿Quién gana y quién pierde? En el corto plazo, todos parecen ganar algo, Irán obtiene oxígeno económico y alivio frente al aislamiento internacional, Estados Unidos reduce el riesgo de una guerra regional costosa y políticamente impopular, Europa gana estabilidad energética, teniendo en cuenta que Rusia y Ucrania también les ha golpeado en ese rubro, China y Rusia observan con pragmatismo: ambos han fortalecido vínculos con Teherán, pero tampoco desean un Medio Oriente completamente fuera de control. Israel, en cambio, enfrenta un escenario ambiguo: podría ganar estabilidad regional o ver fortalecerse a un adversario estratégico si el acuerdo fracasa en limitar realmente el poder iraní.

La gran pregunta (sí, sé que me hago demasiadas): ¿paz verdadera o tregua estratégica? La historia obliga al escepticismo, Estados Unidos e Irán no son enemigos circunstanciales; son adversarios estructurales con décadas de desconfianza acumulada, las diferencias sobre seguridad regional, armamento, influencia política y alianzas militares siguen intactas.

Por eso, más que hablar de una “paz definitiva”, quizás resulte más realista entender este momento como una pausa estratégica: un intento de bajar la temperatura en una región donde todos saben que otra guerra abierta tendría consecuencias devastadoras.

El éxito del acuerdo no dependerá de la foto oficial ni de los discursos diplomáticos, dependerá de algo mucho más difícil: la capacidad de ambas partes para cumplir lo prometido cuando inevitablemente aparezcan nuevas provocaciones y en Medio Oriente, las provocaciones nunca tardan demasiado, porque siempre están a la orden del día.