@abrilpenaabreu
El 24 de abril de 1965 no fue solo una fecha, fue una declaración de principios, la Guerra de Abril de 1965 no se libró únicamente por el retorno a la constitucionalidad, ni por la reposición de Juan Bosch. Se luchó, sobre todo, por algo más profundo: el derecho de los dominicanos a decidir su propio destino.
Fue una guerra por la soberanía, por la libre determinación, por la dignidad nacional. Hoy, más de medio siglo después, la pregunta no es qué ocurrió en abril de 1965, la pregunta es: ¿qué hicimos con ese legado?
Sí, el país ha cambiado, hay más infraestructura, más acceso, más crecimiento económico.
Pero también hay una verdad incómoda: hemos avanzado en lo material, mientras retrocedemos en lo esencial.
La libre determinación, esa por la que se combatió en las calles, hoy muchas veces se convierte en un concepto vacío. Porque, nos guste o no, seguimos condicionados por decisiones externas, por intereses geopolíticos que no controlamos y por una dependencia estructural que limita nuestra autonomía real.
Y mientras tanto, el patriotismo se ha ido deformando, se ha reducido a momentos puntuales, a discursos encendidos cuando conviene, a una reacción selectiva que solo se activa ante ciertos temas, ignorando otros episodios históricos de intervención y dependencia.
No es patriotismo, es oportunismo emocional, más preocupante aún es la desconexión generacional.
Una parte importante de nuestros jóvenes no conoce el significado de abril, ni el sacrificio de quienes lo protagonizaron. No se trata de exigir heroísmo, pero sí de reconocer que hubo una generación que entendía la dignidad como un principio no negociable.
Hoy, esa noción parece diluirse entre la inmediatez, la superficialidad y la falta de referentes, el 24 de abril debería servir para algo más que recordar, debería obligarnos a cuestionar.
Porque una nación no pierde su soberanía de un día para otro, la pierde poco a poco… cuando deja de ejercerla.



