Efemérides

14 de abril: la efeméride que el país decidió olvidar

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Cada 14 de abril, en silencio casi absoluto, se conmemora el Día de la Confraternidad Domínico-Haitiana y Panamericana, instituido mediante la Ley No. 1105 de 1936. Una ley que no solo existe, sino que ordena algo muy concreto: que las escuelas dominicanas promuevan la fraternidad con Haití y los valores panamericanos.

Noventa años después, la pregunta no es si la ley sigue vigente, la pregunta es por qué decidimos ignorarla.

No se trata de una norma obsoleta. En el ordenamiento jurídico dominicano abundan leyes más antiguas que siguen siendo plenamente aplicables. La diferencia no está en la edad de la ley, sino en la voluntad de cumplirla. Y en este caso, esa voluntad simplemente desapareció.

El propósito de la Ley 1105 —fomentar el entendimiento binacional desde la educación— no solo sigue vigente: hoy es más necesario que nunca y sin embargo, el contraste es evidente.

Mientras la Francofonía se celebra activamente en centros educativos, con actos, actividades culturales y respaldo institucional, el Día de la Confraternidad Domínico-Haitiana pasa desapercibido, sin agenda. Sin discurso, sin Estado.

Esa asimetría no es casual, es un síntoma uno de una relación que el país no ha sabido —o no ha querido— abordar con madurez.

La Fundación Zile ha insistido en rescatar esta efeméride y convertirla en una plataforma real de diálogo entre ambos pueblos, no es una propuesta ingenua, es una necesidad estratégica que el Estado ha dejado en manos de la sociedad civil.

Porque, más allá del discurso político, la realidad económica cuenta otra historia, tras la crisis generada por el conflicto del canal sobre el río Masacre en septiembre de 2023, las tensiones diplomáticas marcaron la agenda pública, pero el comercio siguió su curso, en 2024, la República Dominicana exportó hacia Haití US$899.5 millones, mientras importó apenas US$13.9 millones.

Y la tendencia no se detuvo: en el primer semestre de 2025, las exportaciones dominicanas hacia Haití crecieron un 30% los números son contundentes: por cada dólar que el país importa desde Haití, exporta cerca de 148 dólares.

Eso no es solo una ventaja comercial, es una relación profundamente desigual y toda relación desigual implica una responsabilidad mayor para quien tiene más poder.

Por eso, conmemorar esta fecha no es un gesto simbólico. Es un acto de inteligencia política.

Es reconocer que la relación entre República Dominicana y Haití no puede seguir siendo manejada únicamente desde la coyuntura, el conflicto o la presión mediática. Requiere visión de largo plazo, políticas públicas coherentes y una apuesta real por la educación como herramienta de entendimiento.

Ignorar esta efeméride no elimina la realidad, solo la pospone, reactivarla, en cambio, abre la puerta a algo más difícil, pero necesario: construir una relación más estable, más consciente y menos reactiva entre dos países condenados —por geografía y por historia— a entenderse.

Porque al final, la pregunta no es si podemos convivir, la pregunta es si vamos a seguir improvisando… o si, por fin, vamos a empezar a construir.