Yakaira Pérez es una víctima más del sistema, víctima de un país donde hay leyes para todo, pero ninguna se cumple y somos especialistas en hacernos de la vista gorda ante atrocidades.
La desgracia de Yakaira no inició el día que recibió el ataque con ácido del diablo, inició el día cuando dejó de ser una niña de 14 años y se convitió en «mujer» de un hombre de 27 años y nadie hizo nada, porque eso es «normal» y aún así seguimos sin aprobar la eliminación del matrimonio infantil, en cada desgracia que vemos de una mujer o niña involucrada, el patrón es el mismo, niñas iniciando la sexualidad a temprana edad y abusadores que se creen que ellas son cosas y no seres humanos.
Este caso tiene un ingrediente adicional, el uso de una sustancia que se supone que hace años se prohibió su venta, pero como aquí se toman decisiones en el papel, pero nunca se cumplen, el abusador tuvo oportunidad y medios para arruinarle vida a la jovencita por la minucia de 3,500.00, eso vale la vida de una mujer.
Ahora volvemos a horrorizarnos, volvemos a hacer tendencia con el tema, mañana se olvida hasta que aparezca otra, porque en el fondo, sencillamente nuestras niñas son moneda de cambio y lo son porque muchos de los llamados a protegerlas son los mismos que aprovechando su poder se dan su baño de colágeno de vez en cuando, después de todo, eso rejuvenece y nadie es tonto para afilar cuchillo para su propia garganta.
Seguimos en el pan y el circo.
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