La novela Odebretch continúa, en un proceso plagado de inconsistencias como la que expresa con toda la razón uno de los acusados, ¿si él sobornó dónde están los sobornado?
El caso Odebretch más allá de la corrupción forma parte de un entramado geopolítico en el que se ha visto sumergido todo el continente, en la búsqueda de una potencia de mantener la hegemonía que disfruta desde la caída del muro de Berlín y de mantener el espacio comercial de sus empresas que hasta que Brasil y comparsa se metieron en el G8 era coto exclusivo de sus empresas.
Desde que el mundo es mundo, las grandes potencias se construyeron pisando sobre los países más débiles, usando todo su poder para imponer sus empresas, quedarse con los mejores negocios y quedarse con las riquezas naturales de los países que están bajo su sombra. Brasil quiso hacer lo mismo, ¿está bien ? No. ¿Puede un país volverse potencia si no es así? La historia dice que no. Con una potencia en el continente es suficiente, mucho hacen que soportan a Canadá, pero hay un problema, Brasil es un país latinoamericano, parece que le estaba vedado crecer como lo hizo y competir como lo hizo.
Dicho esto, los expedientes enviados a los diferentes países están plagados de inconsistencia que convenientemente se olvidan en la búsqueda de culpables favoritos y que aprovechan facciones en cada sitio para la consecución del poder. Eso no significa que sean inocentes, si no que el interés real no es la búsqueda de la verdad, lo que se quería ya se consiguió, lo demás son daños colaterales y para muestra un botón. A Dilma sólo se le pudo demostrar un mal manejo en el presupuesto, algo que sucede en todos los gobiernos, no nos hagamos los tontos, Temer por otro lado, hasta grabaciones se le sacaron, sin embargo gobernó, claro convenientemente cierta empresa consiguió permisos para explotar en el Amazonas que por si se nos olvida es el pulmón del planeta.
Mientras, sigamos con la novela.
elpregonerord@gmail.com



