Por Stormy Soto/ MA. Abogado y Procurador Fiscal
Vivimos en un planeta que gira a una velocidad de 1,700 kilómetros por hora y órbita alrededor del Sol a una velocidad de unos 107,000 kilómetros por hora. No sentimos ningún movimiento porque estas velocidades son constantes. Aún así, el ser humano se encuentra viviendo su vida con esa misma rapidez en que vive el planeta.
El respeto por el otro ha dejado de existir en gran medida. El que conduce un vehículo quiere llegar primero que los que están delante de él. La dignidad del ser humano nos vale nada porque con el poder que nos da un celular inteligente con conexión a internet queremos ser tendencia violando todas las normas de la mora y ética, posteando fotos de cadáveres en las peores condiciones, subiendo fotos de menores de edad envueltos en dificultades. No queremos respetar a las autoridades legalmente establecidas, ya sean policías, militares, fiscales, jueces. Queremos saber más que todo el mundo. Nos sentimos por encima de los derechos de los demás al punto de querer pisotearlos sin ningún remordimiento ni compasión.
Nos hemos vuelto descarados, irrespetuosos y salvajez por cualquier tontería. Le arrebatamos la vida a nuestros iguales por unos miseros 25 pesos, por un estúpido parqueo, por un choque de autos, por un tropezón, por un mal entendido, por una música alta, porque el perro del vecino ladra mucho, porque otro mira la mujer de otro, porque otro lo frontea, por un chisme de patio, por una discusión de dos niños sin entendimiento. Llevamos en nuestro interior una furia dormida que vive esperando la excusa más barata e inútil para despertar y explotar hacia el exterior y transformarnos de una manera radical, lo que provoca que nos llevemos todo lo que se encuentra por delante nuestro.
¿Qué nos está pasando como seres humanos? ¿Dónde se ha ido la solidaridad, el entendimiento y el buen comportamiento? ¿En qué estamos pensando?
Estamos a tiempo de corregir el rumbo descontrolado que llevamos sin justificación alguna. Debemos detener la marcha por un instante, sentarnos, respirar profundo por 1 minuto, pensar, analizar, meditar y luego; continuar viviendo de una forma más inteligente emocionalmente, de una manera más pausada, colaborando al desconocido, pretendiendo ser mejores cada día, volviendo a nuestras prácticas solidarias basadas en buenas costumbres y valores aceptables, sirviendo de ejemplo a los que nos rodean, a nuestros hijos, sobrinos, nietos, vecinos, amigos y desconocidos.
Somos más inteligentes de lo que parecemos; sólo que lo hemos olvidado, casi por completo. Basta ya de tanta violencia! Promovamos el amor, la solidaridad, el respeto. Si Podemos!



