@abrilpenaabreu
El dato es contundente y preocupante: el 63 % de los niños y niñas en República Dominicana ha sufrido algún tipo de violencia en su entorno, ya sea en el hogar, la escuela o la comunidad, según reveló UNICEF.
No se trata de una cifra aislada ni de casos excepcionales.
Estamos ante un problema estructural que refleja una realidad que por años ha sido tolerada y, en muchos casos, justificada, de acuerdo con el informe citado por UNICEF, la violencia contra la niñez no ocurre en un solo espacio, se manifiesta de manera constante en distintos ámbitos, lo que impide que los menores tengan un entorno seguro donde desarrollarse plenamente.
Esto revela una falla profunda: el sistema de protección no está logrando garantizar condiciones mínimas de bienestar para la infancia, la violencia en la niñez no termina cuando ocurre.
Sus efectos se extienden en el tiempo.
Organismos internacionales han advertido que la exposición constante a agresiones físicas, verbales o psicológicas puede generar alteraciones en el desarrollo emocional y cognitivo, afectando el rendimiento escolar, la conducta social y la salud mental.
En otras palabras: la violencia no solo daña a la víctima en el presente, sino que condiciona su futuro, uno de los aspectos más preocupantes señalados por UNICEF es que, en muchos casos, la violencia sigue siendo vista como un método válido de disciplina.
Esta normalización dificulta cualquier esfuerzo de cambio, mientras persista la idea de que el castigo físico o la agresión son herramientas de crianza, las políticas públicas tendrán un alcance limitado.
El Estado tiene un rol fundamental en la prevención y protección de la niñez, a través de: programas educativos, fortalecimiento de los sistemas de protección, campañas de concienciación
Sin embargo, el problema también requiere una transformación social, la familia, la escuela y la comunidad son actores clave en la construcción de entornos seguros, sin cambios en estos espacios, cualquier esfuerzo institucional será insuficiente.
La violencia infantil no es solo un problema social, también es un obstáculo para el desarrollo, un país donde una parte significativa de su población crece bajo condiciones de violencia enfrenta mayores dificultades en educación, productividad y cohesión social.
Por ello, abordar esta problemática no debe ser visto como una opción, sino como una prioridad nacional, los datos presentados por UNICEF deben servir como un llamado de atención, la República Dominicana ha avanzado en distintos ámbitos, pero no puede aspirar a un desarrollo pleno mientras una proporción tan alta de su niñez crece expuesta a la violencia.
Romper este ciclo implica más que leyes: requiere un cambio cultural que coloque la protección de la infancia como un valor innegociable.



