Opinión

Un regalo de Dios en Navidad

Compartir

Por María Alejandra Lazala


Siempre he pensado y creído firmemente que uno de los momentos más hermosos con que Dios nos premia, es cuando El, por su infinito amor y  misericordia, nos permite ser madre. Quiero dejarles un testimonio que al final cantará las grandezas del Señor, porque para Dios nada es imposible.    

Desde hace más o menos nueve años, mi esposo y yo hemos tratado de volver a tener otro hijo. Deseábamos escuchar el llanto y la risa de otra creatura. Tenemos un hijo de once años y en todo este tiempo con mi afán de volver a ser madre no me daba cuenta que ese niño que crecía a nuestro lado era mi mayor tesoro, y lo que es peor aún, no le había dado gracias a Dios por tenerlo. Nunca supe cómo hacerlo, hasta que encontré a Jesús en tan solo unos minutos en mis tres días de Cursillo de Cristiandad. Meses atrás mi hijo enfermó, y pude ver claramente como el Señor se manifestaba al darme la oportunidad de darle las gracias por Joe. Desconsolada caí de rodillas, y le dije al Señor que El lo quería más que yo, pero que me permitiera tenerlo porque era lo único que tenía.

Mi hijo sanó. A los pocos meses de navidad, y en esos días, después de tantos años, surgió la duda de un posible embarazo. Di gracias a Dios por esta duda. Recuerdo que el 24 de Diciembre nos acostamos temprano; tomé la biblia,  la abrí y leí Lucas 1, donde se nos habla sobre Anunciación a  María. En uno de sus versículos el Ángel le dice a María que “su prima Isabel aún en su vejez tiene seis meses de embarazo porque para Dios nada es imposible”. Sentí un imperioso deseo de leer el nacimiento de Jesús en los diferentes evangelios, y al final le pedí a María que intercediera por mí ante Dios para que a mí también me regalara a un niño Jesús.

Y Dios hizo el milagro. Sí, hizo el milagro por muchas razones; porque cobra vida en mí las palabras de que para Dios no hay nada imposible; porque estoy tratando de dar gracias al creador en todo; por haber aprendido una gran lección, de que las cosas no vienen cuando uno quiere, sino cuando el Señor lo cree conveniente; y porque hoy nuestro hogar se manifiesta con más fuerza la Gloria del Padre en la figurita de nuestra hija María Alejandra. 

Y esa niña soy yo!!! Gracias al Padre.

Este es el testimonio de mi madre, Alba Bonilla, escrito en Noviembre de 1981 y quiero compartirlo contigo mujer hermosa, fuerte, valiente, guerrera, que aún esperas por tu niño Jesús.  Recuerda… para Dios no hay nada imposible.