Un plan que salió mal

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Por Sheiner Adames Torres.


Las elecciones municipales que debieron ser celebradas el pasado 16 de febrero en la República Dominicana fueron abortadas, producto de un sabotaje que sufrieron los equipos electrónicos del voto automatizado que serían utilizados en los 18 municipios con mayor cantidad de electores.

Cuando nos referimos a sabotaje, evidentemente estamos hablando de una conspiración, un plan que se orquestó para que las elecciones no se pudieran celebrar debido a las fallas que presentaron los equipos.

En la universidad, a los abogados, nos enseñan en investigación criminal, que la primera pregunta a realizar para comenzar a investigar un crimen, es a quién beneficia, por tanto a partir de ahí podríamos elaborar una hipótesis sobre lo sucedido el pasado 15 de febrero.

Si nos basamos en las últimas encuestas independientes publicadas en las semanas previas a los comicios y otros estudios de trabajo, a los cuales tuvimos acceso, la tendencia electoral mostraba que el oficialismo perdería al menos en 12 de los 18 municipios que concentran el 62% del electorado nacional, precisamente en aquellos lugares donde se utilizaría el voto automatizado.

Esa realidad debemos contrastarla con el hecho de que históricamente en la República Dominicana, los fraudes electorales (desde el poder) se realizan a través de la adulteración de actas de escrutinio de votos y robo o secuestro de urnas, cuestión que sería muy difícil de realizar con el voto automatizado, por lo que desde el poder resulta más cómodo ir a elecciones con voto manual que con voto automatizado.

A partir de los dos razonamientos anteriores podemos concluir, que al oficialismo no le convenía la realización de las elecciones el pasado 15 de febrero con voto automatizado, puesto que sufrirían una vergonzosa derrota que los alejaría aún más de las posibilidades de remontar de cara a la contienda presidencial de mayo.

Pero el sabotaje de las elecciones fue su plan B, nunca pensaron que les saldría mal lo que intentaron en principio, que fue manipular los equipos para que los votos que se reflejaran en su mayoría fueran a los candidatos del oficialismo, el error estuvo, en que luego de las medidas de seguridad aplicadas por el IFES (Fundación Internacional de Sistemas Electorales, por sus siglas en inglés), estos equipos no podían ser alterados de esa manera, por eso la alternativa consistió en introducir un malware (virus) a las boletas de votación automatizada para que sólo aparecieran los candidatos del oficialismo en la pantalla, algo que evidentemente iba a ser descubierto, denunciando esto toda la oposición, y finalmente provocando la suspensión de las elecciones.

Un daño colateral que produjo el sabotaje, pero muy bien calculado, fue el estrangulamiento económico a los candidatos de la oposición, quienes al no tener la disponibilidad de recursos que tiene el gobierno, se verán en aprietos para volver a montar su logística de cara a la nueva convocatoria que ha hecho la Junta Central Electoral para el 15 de marzo. La idea anterior es reforzada por el hecho de que la famosa «logística» (recursos económicos) no fue enviada en la cantidad esperada a los candidatos del oficialismo en los distintos municipios, previendo la situación y guardando pan para mayo, como dicen popularmente.

A una semana de la suspensión de los comicios municipales, hemos sido testigos día tras día, de grandes manifestaciones a lo largo y ancho del país, en protesta por el crimen electoral perpetrado, exigiendo respeto a la democracia y sanción a los responsables de tan abominable hecho que golpeó duramente la frágil y débil institucionalidad Dominicana.

Sobre las investigaciones, el gobierno, en su afán desesperado por limpiar la escena del crimen y desvincularse, intentó incriminar a un técnico de una compañía telefónica y a un coronel seguridad del principal candidato presidencial de la oposición, cuando ellos simplemente habrían advertido de la situación al haber recibido horas antes la información de lo que sucedería el día de las elecciones, esta fue otra parte del plan que salió mal, toda vez, que generó una profunda indignación en el pueblo la pantomima elaborada por el Ministerio Público al servicio del poder político y la Policía Nacional, de quienes no podíamos esperar menos. Finalmente los jueces se encargaron de decirle a los lacayos del poder que no tenían ninguna prueba contra quienes ellos pretendían implicar, por lo que no procedía su detención y procesamiento, ordenando de inmediato su puesta en libertad.

Mientras las protestas se intensifican, partidos políticos, sociedad civil, artistas, influencers, pueblo en sentido general, crece la indignación contra el oficialismo y su macabro plan de secuestrar la democracia dominicana.

Por todo lo anterior, me atrevo a afirmar, sin temor a equivocarme, que lo que viene el 15 de marzo y el 17 de mayo es un tsunami por el cambio, que ha sido alimentado y fortalecido por un plan que salió mal.

El autor es abogado, comunicador, profesor universitario y dirigente político.

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