Por: Shantalle Virginia Veras Sabala
Cada 27 de febrero, durante la conmemoración de la Independencia Nacional, el presidente de la República presenta ante la Asamblea Nacional su rendición de cuentas. Más que un simple mandato constitucional, este momento se convierte en un ejercicio clave de comunicación política, donde el gobierno busca mostrar logros, defender su gestión y proyectar su visión de país.
En su intervención de este año, el presidente Luis Abinader ofreció un discurso estructurado y de tono patriótico, en el que predominó una narrativa de avances económicos, desarrollo de infraestructura y compromiso con la transparencia. Desde el inicio del discurso, con la frase “La República Dominicana no se hereda, se construye”, el mandatario apeló al orgullo nacional y al sentido de responsabilidad colectiva, un recurso habitual en discursos pronunciados en fechas de alto valor simbólico.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue la economía. El presidente destacó el crecimiento del producto interno bruto, la generación de empleos y el aumento de la inversión extranjera. Las cifras presentadas buscan reforzar la imagen de estabilidad y progreso. Sin embargo, persiste un debate inevitable: la percepción de muchos ciudadanos frente al aumento del costo de la vida.
Otro punto importante del discurso fue la enumeración de obras públicas en distintas provincias del país, desde carreteras hasta proyectos hidráulicos y mejoras en infraestructura turística. Este tipo de mensajes suele ser efectivo, ya que las obras son resultados visibles que permiten al gobierno mostrar avances concretos en el territorio.
El mandatario mencionó programas de asistencia, avances en salud y apoyo a sectores vulnerables. Aquí el discurso adoptó un tono más cercano, con la intención de conectar con las familias dominicanas y proyectar la imagen de un gobierno sensible a las necesidades de la población.
Uno de los momentos más contundentes llegó cuando afirmó: “El que se equivoque con el dinero del pueblo irá a la justicia”, reforzando la lucha contra la corrupción. Desde el punto de vista comunicacional, fue una de las frases más fuertes del discurso.
El presidente también miró hacia el futuro al plantear metas de desarrollo hacia el año 2036, enfocadas en productividad, innovación y modernización del Estado. Con ello, buscó proyectar su gestión como parte de un proceso de transformación a largo plazo.
Las reacciones de la oposición no tardaron en llegar. Sectores del Partido de la Liberación Dominicana y el expresidente Leonel Fernández cuestionaron que el discurso no reflejara con suficiente claridad las dificultades económicas que enfrenta la población.
Al final, más allá de la estructura del discurso o de las cifras presentadas, el verdadero impacto de una rendición de cuentas se mide en la percepción ciudadana. Porque en política, los números cuentan, pero la realidad cotidiana de la gente pesa aún más.



