Turismo

Turismo y deporte: una gran alianza para el futuro de la República Dominicana

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Por Yerik Pérez

El Pregonero, Santo Domingo.-El turismo dominicano ha demostrado una extraordinaria capacidad para crecer, diversificarse y conquistar nuevos mercados. El deporte representa una de sus próximas grandes oportunidades: atraer visitantes durante todo el año, dinamizar las economías locales y proyectar la diversidad de nuestros destinos.

La República Dominicana no necesita inventarse como destino deportivo. Ya cuenta con infraestructura, conectividad, experiencia organizativa, instalaciones y atractivos naturales privilegiados. El desafío consiste en integrar esos activos y convertirlos en una oferta estructurada, visible y comercializable.

Los destinos que han avanzado en esta dirección no necesariamente partieron de inversiones extraordinarias, sino de una decisión estratégica. En la Costa Blanca, Aragón o Malta, el turismo deportivo se construyó sobre lo que cada territorio ya poseía: una sierra se convirtió en zonas de escalada señalizadas; una red de senderos, en rutas organizadas y clasificadas; y un mar transparente, en un producto de buceo con identidad propia.

La Comunidad Valenciana ofrece un buen ejemplo. Primero presenta sus ventajas —clima, infraestructura, conectividad, gastronomía, cultura, hospitalidad y capacidad para organizar grandes eventos— y luego desciende a lo concreto: disciplinas deportivas, rutas señalizadas, calendario de competencias, instalaciones y alojamientos adecuados.

El principio se repite en los destinos que han tenido éxito: identificar, organizar, señalizar, empaquetar, comunicar y comercializar.

Nada de esto resulta ajeno a la República Dominicana. Puerto Plata reúne viento, olas y montaña en un mismo territorio: surf, kitesurf, senderismo, ciclismo, running y golf conviven a pocos kilómetros. La Romana y Bayahíbe cuentan con una oferta consolidada de golf y actividades submarinas que puede articularse y comercializarse como un verdadero circuito deportivo. Samaná posee condiciones excepcionales para la naturaleza y la aventura; Jarabacoa y Constanza, para el trail, el ciclismo de montaña y los entrenamientos en altura.

Santo Domingo, por su parte, concentra estadios, conectividad aérea, hotelería, gastronomía y experiencia en la organización de grandes competencias. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe confirmaron esa capacidad y dejaron infraestructura, conocimientos y visibilidad internacional que ahora debemos aprovechar más allá del evento.

Cada región tiene una vocación propia y ninguna necesita reproducir el modelo de la otra.

También existen pruebas de lo que ocurre cuando un activo natural se convierte en producto. En Cabarete, Master of the Ocean lleva más de dos décadas reuniendo atletas internacionales en distintas disciplinas de viento y olas, convirtiéndose para muchos participantes en la puerta de entrada a la costa norte.

En Bayahíbe, Oceanman ha demostrado el potencial de las aguas abiertas para atraer nadadores internacionales y acompañantes con capacidad de alojarse, consumir y regresar. Son dos eventos, dos destinos y una misma enseñanza: el producto surge cuando alguien decide organizar y comercializar lo que el territorio ya ofrece.

El reto es que cualquier visitante pueda encontrar fácilmente una ruta de ciclismo, un circuito de running, una zona de buceo, un campo de golf, un sendero, una instalación para entrenar, el calendario de competencias y el alojamiento apropiado. Todo debe presentarse como parte de una misma experiencia, no como piezas dispersas que solo conoce quien vive en el lugar.

Esta visión coincide con la misión que impulsa la Asociación Dominicana de Turismo Deportivo: articular el deporte, el turismo, los destinos, el sector privado y las instituciones públicas para transformar la actividad deportiva en visitantes, inversión, consumo y desarrollo territorial.

Esa agenda ya está en marcha. ADOTURD trabaja con los clústeres turísticos, incluyendo el de Santo Domingo, y avanza en un proceso de articulación con Puerto Plata. También ha establecido alianzas con eventos como Master of the Ocean y con organizaciones vinculadas a la cadena de valor del deporte.

Asimismo, desarrolla junto al Banco BHD y especialistas académicos el primer estudio nacional sobre el impacto económico del turismo deportivo. Medir cuánto aporta esta actividad a la hotelería, la gastronomía, el transporte, el comercio y los servicios permitirá diseñar políticas, orientar inversiones y establecer prioridades sobre una base objetiva.

El siguiente paso debe ser levantar, territorio por territorio, un inventario de disciplinas, infraestructura, atractivos naturales, eventos, rutas, alojamientos y servicios. De ese diagnóstico debe surgir un mapa nacional del turismo deportivo y, a partir de él, estrategias diferenciadas para cada región.

La gran oportunidad no consiste únicamente en atraer más eventos. Está en lograr que cada competencia, instalación y activo natural formen parte de una estrategia permanente, capaz de generar visitantes durante los doce meses del año.

El deporte ya existe. El turismo también. Unidos, pueden convertirse en una nueva fuerza de desarrollo para la República Dominicana.