Tras el cuerpo de sus sueños

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 Por María Alejandra Lazala 


“Esa ñoñería me costó mucho sufrimiento, pensé que jamás volvería a ver a mis hijos”, relata Sandra Contreras al recordar el momento cuando la trasladaron de emergencia por dolor en el pecho y respiración rápida. Coágulos de sangre   se movieron hasta sus pulmones, luego de someterse a un procedimiento quirúrgico.

Abdominoplastía, mamoplastía, aumento de glúteos y reducción de brazos fue el “combo” que Sandra se realizó. Ella sentía morir, los dolores le quebraban hasta el alma, pero ya le habían advertido. Luego de dos días de fatiga intensa y fiebre alta, su  médico le informa que esos malestares son normales, que deje la ñoñería. Para su suerte, Sandra libró a la muerte y está más fuerte que nunca para enfrentarse en los tribunales con su carnicero.

La República Dominicana se ha convertido en el destino predilecto por quienes deciden someterse a procedimientos estéticos. Cada año se realizan aproximadamente 20 mil cirugías plásticas, en su mayoría elegidas por mujeres, que según  datos ofrecidos por el presidente de la Sociedad Dominicana de Cirugías Plásticas, Reconstructiva y Estética (SODOCIPRE), Jean Paul Giudicelli Lebrón, el  75% de las cirugías  que se practican en el país se realizan a personas que llegan desde distintas partes del mundo.

«Sin embargo, no todo es de maravilla. La reputación del país se ha visto en  juego, por las tantas informaciones difundidas de los bajos costos de las operaciones estéticas. Es verdad que la manera en que se moldean las caderas, los glúteos, la cintura y los senos es un escándalo, pero las mujeres no se informan, buscan economía y confían en doctores que no son especialistas y que no cuentan con la debida acreditación. Se dejan engañar, jugándose el pellejo, desconociendo las complicaciones de los afamados “combos” que ponen en riesgo sus vidas”, sostuvo Laura, paciente de múltiples cirugías plásticas.

 Estaba fría… estaba muerta

“Desde las diez de la mañana estaba muerta, la tenían conectada a una máquina para hacernos creer que estaba bien, me dijo que estaba estable, pero ella estaba fría, morada, hinchada… estaba muerta”, refiere entre lágrimas Yatnna Rivera. 

Altagracia Díaz González falleció por una  intervención quirúrgica con fines estéticos, su historia se hizo viral en las redes sociales, tras la denuncia desesperada de su hija, la modelo Yatnna Rivera al enterase del deceso de su madre. Quién según ella, depositó toda su confianza en manos del afamado cirujano Héctor Cabral, desconociendo que fue acusado en varias ocasiones por mala práctica médica, suspendido por la Sociedad Dominicana de Cirugía Plástica desde 2015 y continuar operando sin licencia médica, señalado por varias familias en los Estados Unidos por ser el causante de la muerte de sus seres queridos.    

El cuerpo soñado

Sharlim Almánzar Paulino viajó desde los Estados Unidos en búsqueda del  cuerpo de sus sueños. Esperaba por horas el día de su intervención, pagando alrededor de seis mil dólares por una sola  intervención quirúrgica, la cual se convertiría en seis, esto de acuerdo a las declaraciones ofrecidas por sus familiares.

“Al llegar al país acudió al centro médico a practicarse una cirugía en los senos pero le habrían hecho otros seis procedimientos estéticos al mismo tiempo, supuestamente con la anuencia del médico a cargo. Falleció a causa de un paro respiratorio, dejando en la orfandad a un niño de seis años”, narra Carlos, primo de la víctima.   

Viajó desde Nueva York

Alexandra Medina, de origen puertorriqueño, llevaba años ahorrando dinero para  hacerse el  proceso de una abdominoplastia. Toda la familia le dijo que no lo hiciera, pero ella en su afán de lucir más bella se trasladó desde Nueva York hacia la  República Dominicana, convirtiéndose en  la última víctima a causa de mala práctica médica.   

El doctor Buenaventura Sánchez Figueroa, quien intervino quirúrgicamente a Alexandra, no está acreditado como cirujano plástico en el país, según datos ofrecidos por  Ministerio de Salud Pública.

También, aseveró que las causa de muerte de Alexandra Medina fue un tromboembolismo graso (grasa corporal en el torrente sanguíneo) y no un paro respiratorio como había dicho el centro de salud.

Asimismo, Salud Pública afirmó que la clínica no está habilitada hasta el momento para ofrecer, ni realizar procedimientos quirúrgicos de tipo estético.

“Se me fue todo, se me fue el alma, como si me estuvieran chupando el alma de mi cuerpo”, dijo en medio del llanto Kanny Toro, madre de Alexandra.  

A pesar de todo, hay que quererse

“La belleza no se define, se reconoce”, así se expresa el Dr. Carlos Hidalgo de El Periódico Mediterráneo, quien indica que “si a pesar de todo tenemos la certeza de que el paso por el quirófano va a influir de manera positiva en nuestra autoestima, no debemos olvidar los beneficios y riesgos que conlleva la intervención, la acertada elección del profesional y una sincera autoevaluación de los motivos reales que nos llevan a tomar esta decisión, estar emocionalmente estables y equilibrados para poder afrontar los cambios de imagen”.

Hidalgo afirma que “no se deben exponer a una operación con la expectativa errónea de conseguir pareja, mantener la actual o como método para superar una depresión. El cirujano no es un mago, puede mejorar nuestro aspecto físico, pero no problemas de pareja o del alma”.


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