@abrilpenaabreu
Ayer, una madre y su hijo perdieron la vida en una playa dominicana. No es la primera vez que ocurre una tragedia así, y lamentablemente tampoco será la última. Cada cierto tiempo los titulares se llenan de historias similares, de familias que buscaban un día de descanso y terminaron enfrentando lo impensable.
Siempre se habla de la imprudencia de los bañistas, y sí, en muchos casos hay una cuota de responsabilidad individual. Pero hay un factor que se repite en cada una de estas desgracias y que no se aborda con la misma contundencia: la ausencia de salvavidas y de autoridad permanente en las playas, ríos y balnearios del país.
En la mayoría de los casos, lo más que se ve es un agente de Politur que pasa ocasionalmente, sin la capacidad ni el entrenamiento para responder a una emergencia acuática. Sin embargo, lo correcto sería que las alcaldías de zonas costeras y turísticas tuvieran personal fijo —socorristas, paramédicos, brigadistas—, en coordinación con los negocios que operan en el área y se benefician económicamente del flujo de visitantes.
ya esta establecido por ley, ya es hora de que aplique, porque la seguridad en los espacios públicos de recreo no puede depender de la suerte ni de la buena voluntad de los presentes.
Entre la inconsciencia de algunos y la falta de iniciativa de las autoridades, seguiremos lamentando muertes que pudieron evitarse. Y eso, en un país rodeado de mar y sol, debería avergonzarnos más que cualquier cifra de turismo.



