El presidente Luis Abinader ha sido muy claro respecto a la posibilidad de mantener los programas sociales más allá de diciembre y ha dicho que es imposible.
El sector privado formal responsable de poco más de la mitad de la empleomanía de República Dominicana ha dicho también que al menos la mitad deberán ser cancelados.
El sector público está cancelando otro tanto con el agravante que no nombrará una cantidad parecida, logrando una especie de rotación debido a la reducción de nómina, cambios administrativos y eliminación de distintas instituciones y, estos cancelados para colmo de males, aún no han recibido prestaciones y/o derechos adquiridos, ni se sabe cuando lo recibirán.
La mitad de nuestra economía es informal y la mayoría tiene prácticamente todo el año sin producir y, para ponerle la tapa al pomo en esta condiciones, hacer nuevos emprendimientos no es para todo mundo.
¿Entonces, si no hay programas sociales, ni empleos públicos, ni privados, ni prestaciones, ni derechos adquiridos, ni emprendimientos, que pretendemos hacer con los casi dos millones de dominicanos que se encontrarán en el calle en la cuesta de enero, el peor bimestre del año en condiciones normales imaginemos en estas?
¿Hay un plan o esperaremos la inevitable crisis y a Dios que reparta suerte?
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