Editorial

Santo Domingo se está inundando… y no es casualidad

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@abrilpenaabreu

Durante años, en República Dominicana asociamos las inundaciones a la pobreza. A barrios levantados al borde de cañadas, a comunidades vulnerables que crecieron sin planificación. Pero algo ha cambiado. Y lo que estamos viendo hoy en Santo Domingo debería encender todas las alarmas, porque ya no se inundan solo los de siempre.

Hoy se inundan torres, plazas comerciales, avenidas principales y sectores que, en teoría, cumplen con todas las normas. Parqueos soterrados convertidos en piscinas, ascensores fuera de servicio, plantas eléctricas dañadas. Infraestructuras modernas colapsando ante lluvias que ya no son excepcionales.

La pregunta es inevitable: ¿qué está pasando? La respuesta no es una sola, es una cadena de fallas.

Primero, una ciudad cada vez más cubierta de concreto, cada nuevo proyecto elimina capacidad de absorción del suelo. El agua ya no penetra, corre. Y cuando corre, lo hace con fuerza.

Segundo, un sistema de drenaje pluvial que no ha crecido al ritmo de la ciudad. Imbornales insuficientes, redes limitadas, mantenimiento que muchas veces llega tarde.

Tercero, la basura. Fundas, botellas y desechos que terminan en las calles y que, al primer aguacero, bloquean los imbornales. En ese momento, el drenaje deja de existir.

Pero hay un cuarto elemento, más profundo: las reglas bajo las que estamos construyendo esta ciudad están desactualizadas, deguimos diseñando para un clima que ya cambió.

Y hay un quinto factor del que casi no se habla, pero que está agravando el problema: la falta de mantenimiento en los propios edificios. Muchos residenciales y plazas cuentan con sistemas diseñados para manejar el agua: filtrantes, desarenadores, bombas, drenajes internos, pero esos sistemas requieren algo básico: revisión periódica.

Cuando no se limpian, cuando se obstruyen, cuando nadie verifica su estado antes de la temporada de lluvias, ocurre lo inevitable: el agua no se drena, el sistema interno colapsa y la inundación empieza desde adentro hacia afuera

No es un problema de diseño (aunque también) es un problema de descuido y aquí hay que decirlo claro: no todo edificio que se inunda es víctima; algunos son también responsables de su propio colapso.

Lo que estamos viendo hoy en Santo Domingo es la suma de todo: Una ciudad sellada por el concreto, un drenaje público insuficiente,

Basura que bloquea el sistema, normativas desactualizadas frente al cambio climático y una cultura débil de mantenimiento en el sector privado

Cinco factores. Una misma consecuencia.

Aquí no se trata de buscar un solo culpable. Se trata de entender que el problema es sistémico. Pero también de asumir que cada parte tiene un rol: Estado debe planificar mejor, invertir más y actualizar las reglas, el sector privado debe construir con visión… pero también mantener con responsabilidad y la ciudadanía debe dejar de convertir las calles en vertederos improvisados.

Porque mientras sigamos viendo la inundación como un problema ajeno, seguirá tocando cada vez más puertas. Santo Domingo no se está inundando sólo por la lluvia, se está inundando por todo lo que dejamos de hacer antes de que lloviera.