Por Luis matias
(Economista)
El salario mínimo ha sido uno de los temas más debatidos en la historia del pensamiento económico porque toca el núcleo mismo de la economía política: la relación entre trabajo, capital, mercado y Estado; la discusión no se limita a cuánto debe ganar un trabajador, sino a qué función cumple el salario dentro del sistema económico.
Para la escuela clásica, representada por Adam Smith y David Ricardo, el salario es esencialmente un precio determinado por las fuerzas de oferta y demanda en el mercado laboral. Desde esta óptica, el salario tiende a ubicarse en un nivel de equilibrio vinculado a la productividad del trabajo y a la disponibilidad de mano de obra. Si el Estado impone un salario mínimo por encima de ese nivel, podría generarse desempleo.
La escuela neoclásica profundiza esta lógica al sostener que el salario corresponde a la productividad marginal del trabajador, si un empleado produce un valor determinado por hora, su remuneración no puede superar sistemáticamente ese aporte sin generar distorsiones. Desde este enfoque, la brecha observada entre salario mínimo y costo de vida en sectores de baja escala productiva sería consecuencia de una estructura empresarial poco capitalizada y de baja eficiencia. Para los neoclásicos, la discusión central no es distributiva sino productiva: mientras la productividad no aumente, los salarios no podrán hacerlo de forma sostenible.
Sin embargo, la escuela keynesiana introduce un cambio sustancial en la interpretación, el salario no solo es un costo de producción, sino también como ingreso que alimenta la demanda agregada, si los trabajadores perciben ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas, su consumo se contrae, afectando el dinamismo económico general. Desde esta perspectiva, la insuficiencia salarial no es solo un problema social, sino macroeconómico.
La visión marxista, por su parte, interpreta el salario mínimo dentro del marco de la lucha de clases y la acumulación de capital, Para Marx, el salario tiende a ubicarse en el nivel necesario para reproducir la fuerza de trabajo, mientras el excedente generado por el trabajador se convierte en plusvalía apropiada por el capital. Desde esta lectura, la brecha entre salario mínimo y costo de vida no sería un accidente ni una falla de mercado, sino una manifestación estructural de desigualdad inherente al sistema capitalista.
En la RD uno de los debates más persistentes en la economía laboral contemporánea es si el salario mínimo representa una política efectiva de redistribución del ingreso o si, por el contrario, constituye un instrumento insuficiente frente a las presiones inflacionarias y el costo de vida real. En la República Dominicana, este debate adquiere una dimensión particularmente aguda cuando se contrastan las cifras oficiales del salario mínimo con el costo efectivo de la canasta familiar básica.
Por un lado las autoridades insisten que se ha establecido una mejoría salariar en beneficio de la clases trabajadora, solo hay que ver el discurso pronunciado por el señor presidente de la republica don el enfatiza que por primera vez en nuestro país el salario mínimo cubre la canasta básica, pero dicha afirmación la podemos comparar con los datos más recientes disponibles a 2025, elaborados por el Ministerio de Trabajo y el Banco Central de la República Dominicana, el cual revelan una conclusión categórica: ningún sector de la economía dominicana logra que el salario mínimo vigente cubra íntegramente el costo de la canasta familiar básica. Este hallazgo trasciende la mera estadística y se convierte en un indicador estructural de vulnerabilidad económica que afecta a la mayoría de los trabajadores del país.
Analicemos técnicamente los datos de la Tabla de Brecha de Ingreso para adquirir la canasta familiar para trabajadores de salario mínimo (no sectorizado), desagregando por tipo de empresa y evaluando las implicaciones macroeconómicas, de política pública y de bienestar social que se derivan de estos hallazgos.
La estructura salarial mínima en la República Dominicana se organiza de forma sectorial, estableciendo categorías diferenciadas según el tamaño de la empresa empleadora. Esta segmentación refleja la heterogeneidad del tejido productivo dominicano, en el que coexisten grandes empresas formalizadas con microempresas y trabajadores del sector agropecuario con condiciones laborales muy distintas.
Para el análisis que aquí se presenta, el salario de referencia utilizado en las empresas grandes, medianas, pequeñas, microempresas y trabajadores de campo corresponde al establecido por la Resolución Núm. CNS-01-2025. En el caso particular de los trabajadores de campo, el salario mensual se calcula multiplicando el valor diario de RD$400.66 por la cifra promedio de días laborables al mes en la República Dominicana (22.83 días), lo que arroja un ingreso mensual de RD$15,880.3.
La canasta familiar utilizada como denominador común del análisis tiene un costo de RD$29,137.89, correspondiente a diciembre de 2025 y representa el Quintil 1 de la distribución de ingresos, es decir, el segmento de población de menores recursos, esta cifra contiene el costo de los bienes y servicios considerados mínimos indispensables para garantizar una calidad de vida básica digna.
La elección del Quintil 1 como referente no es arbitraria: refleja el nivel de vida objetivo para los trabajadores que perciben el salario mínimo, quienes por definición se ubican en los estratos de ingreso más bajos de la distribución salarial, utilizar una canasta de quintiles superiores sesgaría el análisis al sobreestimar las necesidades del grupo de interés.
Los trabajadores de las empresas grandes perciben un salario mínimo de RD$27,988.8 mensuales, el más elevado de la escala sectorial. Su cobertura de la canasta familiar alcanza el 96.06%, lo que implica una brecha de apenas -RD$1,149.09 (-3.94%), aunque esta cifra podría parecer marginal, debe subrayarse que incluso en el mejor escenario el salario mínimo no cubre la totalidad de la canasta básica demuestra la insuficiencia, aunque moderada, confirma que el salario mínimo no está indexado al costo de vida real.
En las empresas medianas, el salario mínimo cae a RD$25,657.0, generando una cobertura del 88.05% y una brecha de -RD$3,480.93 (-11.95%). Esta reducción de aproximadamente RD$2,300 respecto a las empresas grandes representa un deterioro sustancial, los trabajadores de este segmento, que constituyen una fracción importante de la fuerza laboral formal.
En cuanto a las empresas pequeñas, microempresas y trabajadores de Campo: estos tres segmentos donde la crisis adquiere proporciones alarmantes, las empresas pequeñas pagan un salario mínimo de RD$17,193.1 (cobertura del 59.01%), las microempresas de RD$15,860.3 (54.43%), y los trabajadores de campo perciben apenas RD$15,880.3 (54.50%); en todos estos casos, el salario cubre poco más de la mitad del costo de la canasta familiar.
Esta realidad tiene implicaciones profundas. Un trabajador de microempresa o del campo debe, necesariamente, complementar sus ingresos a través de transferencias familiares, economías informales, subsidios públicos o contrayendo deuda para financiar sus necesidades básicas, el cual sabemos que no es sostenible en el largo plazo.
La brecha salarial no es el resultado de dinámicas macroeconómicas estructurales, sabemos que el ritmo de ajuste del salario mínimo históricamente ha sido inferior al ritmo de inflación acumulado en los bienes de la canasta básica, particularmente en alimentos, energía y servicios de salud. Ahora desde la perspectiva de la demanda agregada, una fuerza laboral cuyos ingresos no cubren la canasta básica se ve forzada a reducir el consumo de bienes no esenciales, lo que deprime la demanda interna y también golpea la capacidad de ahorro de los trabajadores empujando hacia que muchos entren a la informalidad laboral afectando la recaudaciones tributaria y la seguridad social haciéndolo más vulnerables.
El análisis de la brecha entre el salario mínimo y el costo de la canasta familiar en la República Dominicana para 2025 arroja conclusiones que no admiten ambigüedad: el salario mínimo, en ningún sector de la economía dominicana, es suficiente para cubrir el costo de vida básico de un trabajador y su familia, la cobertura varía entre un máximo del 96.06% en las empresas grandes y un mínimo del 54.43% en las microempresas, con una brecha monetaria que oscila entre RD$1,149 y RD$13,277 mensuales.
Esta insuficiencia no es coyuntural sino estructural, responde al desacoplamiento histórico entre el ritmo de ajuste salarial y el ritmo de inflación en bienes de consumo básico y sus efectos se acumulan en el tiempo, erosionando el capital humano, deprimiendo la demanda interna, estimulando la informalidad y perpetuando ciclos de pobreza intergeneracional.
La evidencia empírica presentada exige una respuesta de política pública ambiciosa, coordinada y sostenida, la dignidad del trabajo formal debe estar respaldada por ingresos que permitan, como mínimo, acceder a la canasta básica sin recurrir a otras acciones de supervivencia económica informales o asistencialistas. En ese sentido, los datos no solo miden una brecha monetaria, sino que revelan el grado en que la economía dominicana aún debe avanzar para garantizar condiciones de vida dignas a quienes sostienen su aparato productivo.



