Por Williams Reynoso Sánchez
Dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en Valencia, España
Valencia, España.- El 16 de agosto es una fecha grabada con letras de oro en la historia de la República Dominicana. Más allá de conmemorar la Gesta Restauradora de 1863, el calendario político Nacional ha convertido este día —al igual que el 27 de febrero— en una jornada institucional de profunda expectativa popular. Aunque la Constitución de la República no obliga formalmente al Jefe de Estado a realizar remociones en su gabinete cada 16 de agosto, la costumbre democrática y el pulso social colocan este hito como el momento idóneo para hacer altos en el camino, rendir cuentas e imprimir nuevos bíos a la gestión pública.
En este 2026, tras cumplir seis años al frente de los destinos de la nación desde aquel histórico 16 de agosto de 2020, el presidente Luis Abinader se encuentra ante un punto de inflexión estratégico. La coyuntura actual, matizada por desgastes propios del ejercicio del poder, denuncias públicas en diversos sectores y una palpable inquietud en las bases perremeístas, exige una verdadera y profunda transformación del tren gubernamental.
Un llamado de reflexión: La desconexión entre el gobierno y sus bases
Quienes nos duele este partido y hemos trabajado incansablemente desde la diáspora y en cada rincón del país no podemos ser indiferentes ante las señales que emite la sociedad.
No se trata de lanzar ataques infundados ni de desconocer los valiosos aportes y reformas impulsadas por el mandatario; se trata, por el contrario, de un ejercicio responsable de autocrítica y preocupación patriótica.
Durante el primer cuatrienio y lo que va del presente período, ha sido una queja recurrente entre la dirigencia tradicional que el esquema de gobierno priorizó la integración de técnicos, allegados y figuras del sector empresarial, posponiendo a los dirigentes territoriales de provincias, municipios, zonas, circunscripciones y la propia diáspora. Esos mismos hombres y mujeres que construyeron la victoria electoral en 2020 y la reafirmaron en 2024 hoy observan con preocupación cómo se agotan los plazos sin que se dé el merecido paso a la dirigencia política que conoce de cerca las necesidades de la gente.
Los datos de la alarma: Padrón e intención de voto
Las cifras recientes depositadas ante la Junta Central Electoral (JCE) por el delegado político del partido, Sigmund Freund, deben servir como un contundente toque de atención.
El PRM, que de cara al proceso de 2024 exhibía con orgullo una matrícula superior a los 3 millones de afiliados (3,092,389 en su punto cumbre), ha presentado una actualización de padrón que ronda los 1.5 millones de militantes (1,551,727).
A esta contracción del padrón orgánico se suman estudios de opinión pública como la prestigiosa encuesta Gallup, que sitúan la preferencia efectiva del partido por debajo del 30.4%, en un escenario donde la oposición política combinada empieza a recortar distancias considerables. Si bien la figura institucional del presidente mantiene niveles apreciables de aceptación, la marca partidaria sufre un desgaste que no puede ignorarse.
La Asamblea del 9 de agosto: El momento de la unidad y la exigencia constructiva
De cara a la asamblea ejecutiva de este próximo domingo 9 de agosto, en la que se da por descontada la proclamación del presidente Luis Abinader como máximo líder del PRM, la alta dirección y la militancia organizada tienen una cita con el destino.
Ese encuentro no debe ser solo un acto protocolar; debe constituirse en el espacio de diálogo sincero y firme donde el partido le exprese a su líder la urgencia de reorientar el rumbo de la administración pública para los dos años restantes de mandato:
Integración real de la dirigencia: Abrir las puertas del gobierno a los líderes comunitarios, provinciales y del exterior que garantizan la conexión directa con el pueblo.
Sustitución de funcionarios desgastados: Reemplazar las piezas del gabinete afectadas por el desinterés o los escándalos, devolviéndole la frescura y la transparencia al servicio público.
Fortalecimiento institucional con miras al 2028: Recuperar la mística de trabajo con las bases para reenganchar al militante desencantado y reestructurar el padrón electoral hacia los niveles históricos de competitividad.
Preservar el legado y asegurar el futuro
El objetivo central de este llamado no es restarle méritos a la gestión del presidente Abinader, sino evitar que el esfuerzo de años se diluya por falta de sintonía con las bases que sustentan el proyecto oficialista.
Solo mediante una oxigenación profunda y un compromiso real de gobernar con el partido y para el pueblo dominicano, el PRM podrá mantener la confianza ciudadana, recuperar su vigor militante y encarar el escenario electoral de 2028 con la misma fuerza triunfadora que nos llevó a ganar en primera vuelta.
El 16 de agosto representa la oportunidad dorada para demostrar que el verdadero cambio no fue sólo un lema de campaña, sino una práctica viva y permanente de rectificación democrática.



