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Rosario Espinal señala que la ciudadanía compensa fallas del Estado con soluciones privadas

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Por Liza María Martínez

El Pregonero, Santo Domingo. – La politóloga Rosario Espinal afirmó que en la República Dominicana la ciudadanía se ha acostumbrado a compensar las deficiencias del Estado mediante soluciones privadas, una práctica que, aunque alivia la presión sobre el gobierno, no resuelve los problemas estructurales del país.

Espinal explicó que ante las fallas persistentes en servicios básicos como la educación, el transporte, el agua potable y la electricidad, los ciudadanos buscan alternativas individuales.

Citó como ejemplos el envío de niños a colegios privados debido a las debilidades de las escuelas públicas, la compra de vehículos ante la ineficiencia del transporte colectivo, la construcción de cisternas y el uso de tinacos por la irregularidad del suministro de agua, así como la instalación de plantas eléctricas e inversores frente a los apagones.

“Los dominicanos se han acostumbrado a resolver de manera privada sus problemas, claro eso le da holgura al gobierno porque la gente soluciona el problema de la escuela pública no sirven todo el que pueda mandar sus hijos a colegios privados, el transporte público no sirve; todo el mundo compra un carro, el agua no llega todos los días; la gente hace cisterna o un tinaco, la luz u pones planta, inversores, lo que sea”, afirmó Espinal.

La politóloga sostuvo que esta dinámica le otorga holgura a los gobiernos, ya que la población termina resolviendo por su cuenta lo que debería ser una responsabilidad pública. Sin embargo, advirtió que los problemas de fondo permanecen sin solución.

“Aquí se ha acostumbrado la sociedad a buscar soluciones privadas a problemas públicos. Eso pues le facilita, hace la vida más fácil a los gobiernos”, expresó la politóloga.

Alertó que el crecimiento económico y la estabilidad de los que se habla con frecuencia podrían verse comprometidos si aumenta el desencanto ciudadano. A su juicio, la permanencia de un sistema de partidos debilitado ha contribuido a evitar crisis políticas similares a las de otros países de la región, pero no garantiza la sostenibilidad del modelo actual a largo plazo.