¿Hasta cuándo vamos a regalar lo nuestro?
Por Abril Peña
República Dominicana está llena de riqueza. La tierra da. El mar da. Pero nosotros seguimos regalando lo que otros convierten en oro.
Exportamos cacao de calidad mundial, pero importamos chocolate. Tenemos larimar y ámbar únicos en el planeta, pero la joyería con sello criollo es artesanal y dispersa.
Sacamos oro, pero no fabricamos relojes ni piezas que lleven nuestro nombre. Producimos. Pero no transformamos. Y ahí está la trampa.
La paradoja dominicana
Producimos café de altura, frutas tropicales, plantas medicinales, peces exóticos y uvas ricas en antioxidantes. Pero seguimos vendiendo materia prima barata mientras compramos productos terminados que podrían llevar nuestra firma. ¿Pero por qué?
Porque no apostamos a la industria nacional. Porque no hay una política de país que diga: lo nuestro se queda, se transforma, y se vende con orgullo. Y eso nos cuesta millones. Pero, más grave aún: nos cuesta identidad.
El caso de la anguila: el oro que nada frente a nosotros
¿Sabías que la cría de la anguila europea —la civeta— se encuentra en nuestras aguas y que su kilo se paga hasta US$5,000 en Asia? Aquí se captura por centavos y se exporta viva. Sin regulación. Sin cadena de frío. Sin saber que estamos soltando oro en cada cubeta de pescador.
No es el único ejemplo. Pero es uno de los más dolorosos.
Sectores con alto potencial de riqueza… si quisiéramos
Cacao
Somos referencia global en orgánico y fino de aroma. Lo vendemos a US$3,000 la tonelada. El chocolate gourmet se vende a más de US$30,000.
Larimar y ámbar
Exportamos piedras en bruto. Otros las tallan, las montan, las venden como lujo. Nosotros, ni figuramos.
Café
Tenemos calidad, aroma, reconocimiento. Pero aún no dominamos el mercado de cápsulas, cold brew o cafés boutique.
Hierbas y plantas medicinales
Jengibre, orégano, moringa, albahaca, guanábana… Podríamos liderar el mercado de aceites esenciales, infusiones, suplementos naturales. ¿Y qué hacemos? Exportamos la raíz y compramos el gotero.
Uvas de Neyba
Ricas en resveratrol. Perfectas para vino o cosméticos antiedad. No hacemos ni lo uno ni lo otro.
Oro y plata: sacamos toneladas, compramos pulseras
República Dominicana es uno de los mayores productores de oro en América Latina. Solo la mina Pueblo Viejo, operada por Barrick Gold, ha generado miles de millones de dólares en exportaciones. También tenemos plata, cobre y otros metales preciosos en cantidades significativas.
¿Y qué hacemos con eso? Extraemos. Exportamos. Y ya.
No fabricamos relojes, ni placas, ni joyas industriales de alto valor. Ni siquiera apostamos a una industria de joyería nacional con diseño, marca y respaldo. Vendemos el metal en bruto y lo compramos de vuelta convertido en accesorio.
El oro sale de nuestras entrañas. Pero el beneficio se queda fuera. Y mientras tanto, el pequeño artesano local que sí trabaja con larimar o ámbar, no tiene acceso al oro que se extrae a kilómetros de su taller.
Esa desconexión —entre lo que producimos y lo que podríamos transformar— es una de las grandes contradicciones de nuestra economía.
¿Y qué ganamos si transformamos?
Multiplicamos nuestras ganancias por 5, 10, hasta 20 veces. Creamos empleo formal, especialmente en el campo. Le damos identidad a nuestros productos y respeto a nuestras manos. Fortalecemos la marca país con sustancia, no solo con sol y playa.
Exportar cacao no es lo mismo que exportar chocolate.
Vender larimar en bruto no es lo mismo que tener una joya con historia.
Y capturar anguilas por centavos no es desarrollo, es atraso.
¿Cómo se logra?
1. Decisión política firme
Incentivos fiscales para quien transforme. Financiamiento a cooperativas, emprendedores y agroindustrias. Protección de denominaciones de origen.
2. Formación y certificación
Buenas prácticas agrícolas e industriales. Certificados internacionales: orgánico, comercio justo, BPM.
3. Una narrativa clara
“Esto es dominicano, y es de calidad mundial.” Promoción internacional con identidad. Ir a las ferias importantes con producto y con historia.
Entonces: ¿De qué nos sirve la tierra si no nos da valor?
República Dominicana no necesita inventar nada. Ya lo tiene todo. Solo tiene que dejar de exportarlo crudo y empezar a contarlo, transformarlo y venderlo con marca propia.
El cambio no es solo económico. Es cultural. Es político. Es un acto de autoestima nacional. Porque seguir vendiendo barato lo que vale caro, es lo mismo que seguir creyendo que lo nuestro no da para más.
Y yo te pregunto:
¿Hasta cuándo vamos a regalar lo nuestro?



