Opinión

República Dominicana es grande

Elvin Castillo
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Por Elvin Castillo


El pueblo dominicano tiene razones de sobra para sentirse profundamente orgulloso de lo que acabamos de vivir con los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

No fueron solamente unos Juegos. Fueron una demostración de capacidad, organización, talento, hospitalidad y, sobre todo, de lo que somos capaces de hacer los dominicanos cuando nos proponemos alcanzar una meta.

Quiero comenzar felicitando desde el fondo de mi corazón al presidente Luis Abinader; al ministro de Deportes, Kelvin Cruz; a José Monegro, presidente del Comité Organizador; y a Luisín Mejía, presidente de Caribe Sports. En ellos extiendo mi reconocimiento a cada persona que tuvo alguna responsabilidad en la organización y montaje de estos Juegos.

República Dominicana pasó esta prueba con A+.

Y hubo un momento que, particularmente, me tocó profundamente. No pude evitar que se me saltaran las lágrimas de orgullo al escuchar a Juan Luis Guerra interpretar Canto a la Patria. En ese instante pensé en todo lo que somos como nación, en lo que hemos recorrido y en todo lo que todavía podemos llegar a ser.

Porque más allá de nuestras diferencias políticas, de nuestras discusiones cotidianas y de los enormes desafíos que todavía enfrentamos en educación, salud, pobreza, empleo, institucionalidad y tantos otros ámbitos, hay algo que nunca debemos olvidar: República Dominicana es una gran nación.

Y estos Juegos volvieron a demostrarlo.

Lo demostramos en la organización, pero también en las gradas. El pueblo dominicano hizo suyos estos Juegos. Vimos instalaciones llenas, familias completas apoyando a nuestros atletas y miles de personas siguiendo disciplinas que quizás anteriormente nunca habían presenciado.

Y lo demostramos también con nuestra hospitalidad.

Recibimos a los atletas y delegaciones de toda la región como sabemos hacerlo los dominicanos: con alegría, cariño y haciendo sentir al visitante como parte de nuestra propia familia. Esa también es nuestra marca como país y uno de nuestros mayores activos ante el mundo.

Quiero reconocer especialmente a nuestros atletas.

Lo dieron absolutamente todo por nuestra bandera y cerraron una participación histórica, rompiendo los récords dominicanos de medallas en este tipo de certámenes. Cada medalla representa sacrificios, entrenamientos, lesiones, madrugadas, frustraciones y años enteros persiguiendo un sueño.

Ellos fueron los grandes protagonistas.

Gracias también a los voluntarios, pieza fundamental para que todo funcionara; gracias a todos los atletas de los países hermanos que vinieron a competir y engrandecieron estos Juegos; y un reconocimiento especial a Robert Zayas por volver a demostrar el extraordinario nivel que tenemos en República Dominicana para producir y montar eventos de categoría internacional.

Pero después de celebrar viene una responsabilidad.

Este éxito no puede terminar con la ceremonia de clausura.

El Estado dominicano debe aprovechar este momento para fortalecer definitivamente nuestra política deportiva y convertir el deporte en otro de los grandes pilares del desarrollo nacional.

Tenemos que invertir más y mejor en nuestros atletas. Garantizarles instalaciones adecuadas, alimentación, entrenadores de primer nivel, preparación física, medicina deportiva, tecnología, fogueos internacionales, incentivos y condiciones económicas que les permitan concentrarse en desarrollar todo su potencial.

Porque talento nos sobra.

Somos tierra de grandes peloteros, de campeones de atletismo, voleibol, boxeo, karate, taekwondo, pesas, softbol y muchas otras disciplinas. Lo hemos demostrado una y otra vez dentro y fuera de nuestras fronteras.

Ahora corresponde construir alrededor de ese talento una estructura capaz de llevar definitivamente al deporte dominicano al sitial internacional que se ha ganado.

Estos Juegos deben servirnos también para recuperar algo que muchas veces perdemos entre nuestras diferencias y problemas cotidianos: la capacidad de sentirnos orgullosos de nuestro país.

Podemos discutir nuestras diferencias mañana. Podemos exigir mejores políticas públicas, señalar lo que está mal y reclamar soluciones a nuestros problemas, como corresponde en cualquier democracia.

Pero cuando República Dominicana hace las cosas bien, también debemos tener la grandeza de reconocerlo y celebrarlo.

Estos Juegos fueron un éxito de todos.

Del Gobierno, de los organizadores, de nuestros atletas, de los voluntarios y, sobre todo, de un pueblo dominicano que abarrotó las instalaciones, levantó nuestra bandera, recibió con cariño a nuestros hermanos de la región y volvió a demostrarle al mundo de qué estamos hechos.

Que este éxito nos recuerde algo que nunca deberíamos olvidar:

cuando los dominicanos creemos, trabajamos y caminamos juntos detrás de un propósito, el cielo es el límite.

Tenemos problemas. Tenemos desafíos. Nos falta muchísimo por hacer.

Pero también tenemos talento, capacidad, alegría, corazón y una nación extraordinaria de la cual sentirnos orgullosos.

República Dominicana es grande.

Y Santo Domingo 2026 nos lo volvió a demostrar.