Por Kelvin Ortiz Faña
La celebración del 26º aniversario de la ascensión al trono de Su Majestad el Rey Mohammed VI, organizada por la Embajada del Reino de Marruecos en la República Dominicana, más que un acto protocolar, fue una contundente exhibición de la madurez política, económica y diplomática que ha alcanzado esta nación del norte de África.
En palabras del embajador Hichame Dahane, el legado y la visión del Rey Mohammed VI se traducen al Reino de Marruecos sólido, estable y profundamente comprometido con el desarrollo humano sostenible, la democracia y los derechos fundamentales. En tiempos donde muchas democracias tambalean y el descrédito hacia la institucionalidad crece, Marruecos representa una excepción notable, sobre todo en una región históricamente golpeada por la inestabilidad.
Uno de los elementos más admirables al escuchar y presenciar el discurso de su excelencia, a quien puedo llamar un amigo, el embajador Hichame Dahane, fue el énfasis en la centralidad del ciudadano marroquí dentro de las políticas públicas. Una nación que coloca al ser humano en el centro de su desarrollo social y económico está condenada al progreso, y Marruecos ha sabido capitalizar esa visión, fortaleciendo su infraestructura, impulsando su economía y afianzando su posicionamiento como polo industrial y logístico.
Pero donde Marruecos también está marcando la diferencia es en su política exterior.
Lejos de asumir un rol pasivo en la escena internacional, Rabat ha logrado consolidarse como un actor confiable, escuchado y respetado. Su rol de “constructor de puentes” en medio de una geopolítica internacional convulsa es una lección de diplomacia responsable, equilibrada y con visión a largo plazo.
El continente africano ocupa un lugar privilegiado en la agenda del Reino. Proyectos como el gasoducto África-Atlántico o la iniciativa de acceso al mar para los países del Sahel, no solo buscan fortalecer la cooperación regional, sino generar desarrollo, empleo y conectividad para millones de africanos. Marruecos está liderando con hechos concretos, no con discursos vacíos.
Otro punto relevante es el respaldo creciente de la comunidad internacional a la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara, como vía pacífica y sostenible para resolver un conflicto regional de larga data. La posición de Reino Unido y Portugal a favor de esta iniciativa es una muestra de que la diplomacia marroquí está obteniendo frutos reales en la defensa de su soberanía e integridad territorial.
Finalmente, como dominicanos, es gratificante constatar la buena salud de las relaciones bilaterales entre nuestras naciones. Marruecos y República Dominicana comparten valores comunes y un creciente interés mutuo en áreas como el comercio, la cooperación técnica y la cultura.
En un mundo donde la incertidumbre se ha vuelto la norma, Marruecos emerge como un referente de estabilidad, modernización y visión estratégica. Desde esta orilla del Atlántico, saludamos y valoramos su ejemplo.



