Por Rosa Iris Luciano
El Pregonero, Santo Domingo – La implementación de un cápita diferenciado por edad y sexo en el Seguro Familiar de Salud podría traer consecuencias severas para las ARS que han demostrado eficiencia en el manejo del riesgo, con bajos índices de siniestralidad y buena administración de recursos.
Según los datos contenidos en el informe de la SISALRIL, esta reforma implicaría una redistribución de más de RD\$1,000 millones anuales, sin que ello represente mejoras tangibles para los afiliados. No se amplían coberturas, no se reducen copagos, ni se incorporan nuevos beneficios. Entonces, ¿vale la pena gastar más sin que el usuario final note la diferencia?
Lo más grave, según analistas del sector, es que esta redistribución afectaría principalmente a las ARS más eficientes, transfiriendo sus recursos a aquellas que presentan mayores gastos, muchas veces originados en prácticas administrativas cuestionables.
“Se le quita al que ha hecho bien su trabajo para premiar al que no”.
Además, se advierte que esta modificación no solo pondría en riesgo a estas empresas, sino que tendría consecuencias fiscales, de salir del mercado estas ARS dejarían de aportar impuestos, de contribuir al fondo común y se debilitaría la estructura financiera que sostiene el sistema de salud.
La crítica también apunta al hecho de que los factores de ajuste propuestos (edad y sexo) no bastan para determinar el riesgo real. Quedan fuera aspectos claves como las comorbilidades, la zona de residencia, el acceso a servicios y otros determinantes sociales de salud. En consecuencia, el modelo sería incompleto y potencialmente injusto.
Finalmente, diversos sectores llaman a buscar soluciones sin desbalancear el sistema. Proponen un fondo de compensación con reglas claras, corregir las afiliaciones institucionales desiguales y premiar la inversión en prevención. De lo contrario, aseguran, esta reforma abriría la puerta a una crisis mayor.



