El Pregonero, Santo Domingo.- El comunicador y abogado, Rafael Linares Guerrero reflexionó sobre cómo las relaciones sentimentales, la vanidad y la falta de control de las pasiones pueden incidir en las decisiones de hombres que concentran poder, al advertir que la responsabilidad final de sus actos recae sobre quienes dirigen y toman las decisiones.
En su artículo de opinión titulado “Para entender un poco a la mujer en el mundo del poder”, publicado en El Pregonero, Linares recurre a episodios vinculados al crimen organizado para plantear que grandes estructuras pueden comenzar a debilitarse desde su interior cuando sus líderes permiten que factores personales interfieran con sus intereses y decisiones.
El autor cita el relato atribuido a Jhon Jairo Velásquez, alias “Popeye”, sobre las tensiones entre los carteles de Medellín y Cali. Según esa versión, una disputa sentimental relacionada con Alejo Piña y Jorge Elí “el Negro” Pabón habría contribuido a profundizar diferencias entre figuras de ambas organizaciones.
Sin embargo, Linares precisa que sería simplista atribuir aquel enfrentamiento exclusivamente a una mujer o a una relación sentimental, debido a que ya existían fuertes intereses económicos, disputas territoriales y rivalidades por el control del narcotráfico.
“La relación pudo ser la chispa, pero el combustible estaba acumulado”, plantea el articulista.
También menciona el caso del narcotraficante estadounidense Frank Lucas y el conocido episodio del costoso abrigo que habría contribuido a hacerlo más visible ante las autoridades, historia popularizada posteriormente por la película American Gangster.
Para Linares, el punto central de ese episodio tampoco consiste en responsabilizar a la esposa de Lucas, sino en observar cómo la vanidad de un hombre poderoso puede terminar comprometiendo la discreción sobre la cual había construido su estructura.
El articulista concluye rechazando la idea de que las mujeres deban ser señaladas como responsables de la caída de los hombres y coloca el peso de la responsabilidad sobre las decisiones individuales.
“Estos relatos no prueban que las mujeres sean responsables de la caída de los hombres”, sostiene Linares, quien advierte que los problemas aparecen cuando se confunde “el amor con obediencia, la confianza con entrega absoluta y el poder con impunidad”.
Finalmente, sentencia que quien dirige un imperio debe responder por sus propias decisiones y deja como reflexión que, así como los pueblos pueden repetir los errores de su historia, los hombres que no controlan sus pasiones pueden terminar perdiendo aquello que alguna vez creyeron dominar.



