Jeffrey Infante, dirigente de la Fuerza del Pueblo, lanzó la pregunta que muchos se están haciendo, pero pocos se atreven a formular en voz alta: ¿quién supervisará a Jahel Isa ahora que Luis Abinader le entregó TODO el poder del transporte masivo a una sola oficina?
Porque no estamos hablando de una simple reorganización técnica. No. Estamos hablando de que ahora el mismo organismo —FITRAM bajo la ejecución de la OPRET— tendrá en sus manos el diseño, la contratación, la construcción, la supervisión y la operación de los megaproyectos de transporte.
Todo. Junto. Sin contrapesos.
Y la pregunta es obligatoria: si el que ejecuta también supervisa, entonces… quién audita a quién?
Los hechos no ayudan: El Monorriel de Santiago cuesta el doble de lo que prometieron Abinader e Isa. La Línea 2C del Metro tiene fallas visibles incluso antes de cortar la cinta. Los Teleféricos de Santiago y Los Alcarrizos están vacíos, y aún así insisten en replicar el modelo. Y, para rematar, la decisión de imponer un monorriel en Santo Domingo, cuando los propios estudios técnicos recomendaban METRO.
Con ese expediente, ¿era sensato eliminar controles? ¿Era prudente entregar poder absoluto a quien ya está cuestionado por sobrecostos, decisiones erráticas y obras que no cumplen expectativas?
Porque una cosa es acelerar procesos. Otra muy distinta es crear un sistema donde el ejecutor se audita a sí mismo.
El presidente tiene que decirle al país —con claridad—: ¿Quién supervisa al que ahora lo controla todo?
Porque lo que está en juego no es un proyecto. Es miles de millones de pesos, la seguridad del sistema y la confianza pública.
Y con eso… no se juega.



