El expresidente Danilo Medina salió con una frase que sonó más a nostalgia que a estrategia: que “una parte importante de la población se arrepiente de no haber votado por el PLD en 2020” y que el regreso del partido al poder en 2028 es “seguro”.
No relajen así.
Danilo habla de arrepentimiento, pero olvida que el 2020 no fue un accidente electoral: fue el resultado de años de desgaste, escándalos, divisiones internas y una población cansada de los mismos estilos políticos. La gente no se equivocó: simplemente tomó una decisión. Y cuando un país decide cambiar, no es por capricho… es por hartazgo.
Decir ahora que el retorno del PLD es “seguro” suena más a consuelo interno que a lectura real del panorama.
El partido viene de perder ampliamente en 2020, de quedar en tercer lugar en 2024, y todavía no ha logrado reconectar con un electorado que se siente traicionado y distante.
Además, Medina hace estas declaraciones en la circunscripción 3 del Distrito Nacional, una de las zonas más golpeadas económicamente —según él mismo admite— pero justamente golpeada desde sus propios gobiernos y por un modelo que dejó profundas brechas sociales.
El PLD puede reorganizarse, reestructurarse y reconectar… pero de ahí a hablar de “victoria segura” en 2028 hay un trecho enorme.
La realidad es simple: en política nada es seguro, excepto que el pueblo vota con memoria.



