Por: Haile M. Rivera
La derrota inesperada del congresista Adriano Espaillat en las primarias demócratas de junio de 2026 no sólo puso fin a una larga trayectoria política; también abrió un debate que muchos dominicanos en Nueva York llevan semanas haciéndose: ¿quién liderará ahora a la comunidad dominicana? ¿Existe realmente un sucesor o sucesora con la capacidad de ocupar ese espacio?
Durante casi tres décadas, Espaillat fue la figura política dominicana de mayor peso en Nueva York. Su influencia trascendía el Alto Manhattan y el Bronx, convirtiéndose en un referente para la diáspora dominicana en todo el estado. Hoy ese espacio luce abierto.
Cuando se analizan los nombres con mayor proyección, aparecen varios funcionarios electos de origen dominicano que han construido carreras importantes (sin preferencia alguna por orden de nombres):
- La concejal Carmen De La Rosa;
- La concejal Pierina Sánchez;
- El concejal Oswald Feliz;
- La asambleísta Yudelka Tapia;
- La asambleísta Amanda Séptimo;
- La asambleísta Karines Reyes;
- El asambleísta George Álvarez;
- El asambleísta Manny De Los Santos;
- Y el presidente del condado de Brooklyn, Antonio Reynoso, quien, aunque representa un distrito diverso y no exclusivamente dominicano, es uno de los políticos latinos con mayor proyección en toda la ciudad.
Todos poseen fortalezas distintas. Algunos cuentan con mayor experiencia legislativa; otros conectan mejor con las nuevas generaciones; algunos tienen una sólida base comunitaria y otros una mayor capacidad administrativa. Sin embargo, ninguno parece haber consolidado todavía un liderazgo que unifique a toda la comunidad dominicana de Nueva York.
Ser un buen funcionario electo no es necesariamente lo mismo que convertirse en el líder político de una comunidad. Ese liderazgo requiere construir consensos entre diferentes condados, mantener relaciones con líderes estatales y nacionales, inspirar confianza más allá del distrito que se representa y, sobre todo, convertirse en una voz que la comunidad reconozca como propia.
La gran pregunta no es quién ocupa el cargo más alto, sino quién tiene la capacidad de trascender su distrito y representar a los dominicanos de Manhattan, el Bronx, Brooklyn, Queens y Staten Island con una visión común.
Quizás la respuesta no exista todavía. Tal vez uno de los nombres mencionados termine asumiendo ese papel con el tiempo. O quizás surja una figura que hoy ni siquiera está en el radar político.
Lo que sí parece claro es que la comunidad dominicana necesita más que candidatos: necesita liderazgo. Un liderazgo que une en lugar de dividir, que forme nuevos líderes en lugar de concentrar el poder y que piense en el futuro colectivo por encima de las aspiraciones individuales.
La historia demuestra que ningún vacío político permanece para siempre. La pregunta es si la próxima figura dominante ya ocupa un cargo público o si aún está construyendo el camino que la llevará hasta allí.
Más que preguntarnos quién será el próximo Adriano Espaillat, quizás debamos preguntarnos quién será capaz de escribir un nuevo capítulo para el liderazgo dominicano en Nueva York, con un estilo propio, una visión moderna y la capacidad de representar a una comunidad cada vez más diversa y exigente.



