¿Quién es Omar?

Por Abril Peña

Por Mon Molina
Tres distinguidas damas de mi entorno, me expresaron su decisión de votar por Omar.

A todas les pregunté: Quien es Omar? Ellas respondieron como si lo hubieran ensayado: “ohhh es el hijo de Leonel. Eso es suficiente, les dije en tono afirmativo.

Omar es solo el hijo de Leonel y diría en su beneficio, que es alguien de buen aspecto, un semblante agradable y sobre todo, muy joven. Ahora, mi pregunta es: ser hijo de Leonel, ser agradable y joven es suficiente para elucubrar sobre un sobre dimensionado y exitoso destino político? Vayamos por parte.

1-Ser hijo de Leonel. Esa condición lo coloca en el umbral del intestino de la alta política, pero también le efecta la altísima tasa de rechazo de su padre.
2-Su imagen personal.
No cabe dudas de que ese aspecto pudo generarle y le generara algunas simpatías y votos en el lado femenino del mercado electoral.
3- Su juventud. Hay quienes piensan que el país político requiere de un relevo generacional cosmético y no de ideas. Es un error pensar que el hecho de ser joven implica ideas novedosas y progresistas. En el caso de Omar, no he escuchado una sola y articulada conceptualizacion de ideas que lo haga merecedor del “luminoso destino que algunos le auguran”.

Igual que con Omar, con Guido Gómez Mazara, Faride Raful y Juan Ariel Jiménez se han realizado semejantes predicciones, pero, llegada la hora de formular sus ideas y adentrarse en la praxis social, se ha puesto en evidencia su verdadera dimensión política.

Siento que en Omar, se produce en la psicología social de una parte de la población, un sentimiento de compensación con su padre, que, al ser despedido de muy mala manera de la más alta cumbre de la figuración política, el noble pueblo dominicano, le regala a su vástago un sítial que no merece y que tampoco se ha ganado. Los tiempos por venir dirán la última palabra y corresponderá a las nuevas circunstancias, definir el perfil de los líderes que protagonizarán los nuevos desafíos.

Lo que el pueblo le ha dado a Leonel, para no despedirlo con las manos vacías, es más que suficiente, lo demás hay que ganárselo, en un ambiente en el cual la cancha no estará vacía. De todas partes surgirán prospectos y será como la hora de los hornos donde “no habrá de verse más que luz”.


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