Internacional Noticias

Queman dos hombres vivos en México por FAKE Whatsapp.

Compartir

El Pregonero-México.-, En un pequeño pueblo de México, rumores sobre secuestradores de menores se extendierom a través de WhatsApp. Si bien resultaron ser falsos, una multitud ya había quemado vivos a dos hombres antes de que alguien pudiera comprobarlo.

En el pequeño pueblo de Acatlán, en el céntrico estado mexicano de Puebla, decenas de personas se amontonaban en la principal calle del pueblo. Y el número no paraba de crecer. Pronto, ya sumaban más de un centenar.

Una patrulla que llevaba a dos hombres a un pequeño calabozo pasó frente a su establecimiento. El vehículo era seguido por más gente y los gritos que acusaban a los detenidos de ser secuestradores de niño empezaron a aumentar.

Ricardo había vuelto recientemente para visitar a sus familiares, quienes aseguran que junto a su tío había ido a comprar material de construcción para terminar un pozo de cemento. La policía afirmó que no había pruebas de que hubiesen cometido ningún crimen y que habían sido llevados a la comisaría por «alteración del orden», después de haber sido abordados por residentes locales.

Pero la multitud estaba convencida de una versión diferente de origen desconocido que se esparció a través de la aplicación de mensajes privados WhatsApp.

“Al parecer, estos criminales están involucrados en el tráfico de órganos… En los últimos días, desaparecieron niños de 4, 8 y 14 años, y algunos fueron encontrados muertos y con signos de que se les habían extirpado órganos. Sus abdómenes habían sido abiertos y estaban vacíos», dijo un agente actuante en el caso.

Ricardo y Alberto habían sido vistos cerca de una escuela primaria llamada San Vicente Boquerón, así que el miedo colectivo los convirtió en esos secuestradores de menores que habían surgido en el imaginario de los habitantes de Acatlán.

La turba de gente que acudió a la comisaría fue convocada en parte por Francisco Martínez, un antiguo residente del pueblo conocido como el Tecuanito, Martínez fue uno de quienes difundieron los mensajes en Facebook y Whatsapp acusando a Ricardo y a Alberto. Fuera de la estación, empezó a transmitir con su celular en directo por Facebook imágenes de lo que acontecía.

Mientras Martínez intentaba congregar a la población, otro hombre, a quien la policía solo identifica como Manuel, trepó al techo del edificio de estilo colonial donde se ubica la municipalidad, al lado de la comisaría, y tocó las campanas del gobierno para alertar a los habitantes de que la policía planeaba dejar en libertad a Ricardo y Alberto.

Poco después, la multitud se unió con un solo objetivo. Forzaron la estrecha reja de la comisaría y arrastraron a Ricardo y Alberto Flores fuera. Mientras la gente levantaba sus celulares para grabar lo que sucedía, los hombres fueron empujados al suelo hasta la base de una escalera de cuatro peldaños y golpeados salvajemente. Luego, les echaron encima el combustible.

Los testigos creen que Ricardo ya había fallecido debido a los golpes, pero su tío Alberto aún estaba vivo cuando les prendieron fuego.

Los cuerpos carbonizados permanecieron en el suelo dos horas después de ser quemados, mientras los fiscales estatales llegaban desde Puebla, y el hedor del combustible se quedó en el aire.

Petra Elia García, la abuela de Ricardo, fue llamada a la escena para identificarlos. Asegura que todavía había lágrimas en las mejillas de Alberto. «¡Miren lo que les hicieron!», les gritó a quienes habían formado parte de la multitud y todavía estaban allí.

«Es una de las cosas más horrorosas que alguna vez haya sucedido en Acatlán», dijo Carlos Fuentes, un chofer que trabaja en una parada de taxi cercana a la comisaría. «Las columnas de humo se podían ver desde cualquier parte del pueblo».