En los últimos años una serie de crÃmenes atroces han horrorizado a la sociedad dominicana, Emely , el chamán chacra, Anibel Gonzales, el niño fantasma, Génesis o la madre que supuestamente cercenó la cabeza de su hija de apenas 6 años y eso es sólo para colocar algunos.
Más allá del tema de salud mental, tenemos que ver que la violencia y la depravación  tiene tiempo enquistada en el seno de la familia dominicana y que esta muchas veces es aceptada y trivializada por el entorno de quienes la sufren, como pudimos ver en en el caso de Génesis donde la familia insiste de apoyar a la hija depravada en detrimento de la vÃctima.
Del 2016 al 2022 RD acumuló la impresionante cifra 184,655 casos de violencia intrafamiliar, 67,187 de violencia de género y 15,424 son de violencia sexual, el 40% fueron contra menores y un por ciento importante fueron a menores de 5 años.
El incesto el denunciado al menos ha ido en aumento del 2021 al al 2022 fueron 1,171 y según la SCJ el 59% de las sentencia emitidas por este concepto corresponde a los abuelos maternos, asà que la semilla del mal no empezó precisamente en esta generación aunque la existencia del internet nos haga pensar que todos estos hechos son de nuevo cuño y fruto de la modernidad, tampoco es de la pobreza puesto que la mayorÃa de los casos de violencia intrafamiliar fueron en el Cibao, que ademas es de las zonas más religiosas del paÃs.
En resumen el problema es mucho más grave de lo que pensamos y ha estado cociéndose a fuego lento a puertas cerradas, cuando las familias eran incapaces de denunciar y preferÃan callar y tirar bajo la alfombra los trapos sucios.
¿Qué hacer ? DifÃcil de saber, aparentemente hay una cultura, eso tomará años cambiarlo, sobre rodo cuando no hay voluntad y falta conciencia de que el problema existe, faltan polÃticas públicas en materia de manejo de la violencia, no hay una cultura en valores, no hay atención a la salud mental por mucho que se cacaree sobre ella, el hacinamiento promueve ciertos comportamientos y la falta de régimen de consecuencias y el miedo a la denuncia hace que no exista un temor a la represalia por parte de los agresores, pero el resumen es que estamos podridos, hemos vivido de espaldas a ellos y desde hace mucho, pero ahora es que el hedor y la pus están saliendo.



