SONDEO | Por LUIS ENCARNACIÓN PIMENTEL
Sea por desgaste natural o por disgustos diversos, es normal que a un gobierno se le haga difícil retener el poder más allá de un segundo período de ejercicio. En el caso del PRM – y a dos años de distancia – el no tener un candidato presidencial en potencia y con experiencia para lidiar con éxito las situaciones adversas lleva a pensar que el partido y equipo oficial habrían entrado temprano en una cuenta regresiva o limitadas posibilidades de retorno. Acentúan esa creencia la pérdida de un 27 por ciento en la aprobación popular y el que la organización política recién registrara en la Junta Central Electoral un padrón de afiliados con un 50 por ciento menos con respecto al anterior. Simple matemática. En lo que se ponderan otros factores, como la realidad de que a un partido en el poder le beneficia la “logística del Estado” (¿), esos números – y lo que dice la calle – alimentan una amplia percepción de que la apuesta a un cambio al Cambio en el 2028 está en pie.
Por otro lado, la sola fecha del 16 de agosto lleva a muchos la creencia de que el jefe del Ejecutivo pudiera introducir cambios en el gabinete, con todo y que, como en el caso actual, del equipo de ministros con los que el presidente Abinader inició su gestión sólo quedan dos, el canciller Roberto Álvarez y David Collado, de Turismo. De los mencionados en posibles cambios, la ministro (con o) Faride Rafúl, se agrega en el camino, y el del titular de Educación, Luis Miguel De Camps, arrancó en el 2020 en Trabajo por cuatro años, pero ambos tienen relativamente poco tiempo en la posición actual. Los dos están en cargos a prueba de fuego, que queman a cualquiera. A la primera, se le ataca solo por ser mujer y joven, por dar el frente y cargar pesado hasta hacerse daño, pero ella no lo ha hecho mal.
En el caso de De Camps, cual hijo del papá, tiene el perfil para Relaciones Exteriores, para donde han puesto a sonar su nombre al acercarse el 16 de agosto – y ¡ojalá! -, pero resulta que hay una creencia muy acentuada de que al actual canciller se le deje hasta el final del período de gobierno. Por razón sencilla: la experiencia acumulada para el país lidiar con la dura realidad de la geopolítica del momento, además de la impronta innegable de institucionalizar y profesionalizar el ministerio; como limitar el número de representantes por misión y mejorar las dotaciones del personal diplomático, incluyendo un seguro médico internacional al equipo, que antes solo tenía el embajador (¿). Se entiende que, por el mismo factor de la experiencia y el éxito, y de que el país y su economía no corran riesgos en momentos de incertidumbre y de crisis a nivel del mundo, el presidente Abinader no inventaría con un nuevo gobernador del Banco Central a partir del 16 de este mes, cuando se vence el período del licenciado Héctor Valdez Albizu.
Algunos le tildarán de “eterno”, pero lo cierto es que es el de la experiencia y los resultados, de Balaguer a la fecha y en distintos gobiernos, solo con la pausa de Hipólito, que cometió el error de no dejarlo por lo menos por seis meses, como en principio se habló. En lo personal, supe de esa posibilidad. Y no es que aquí no haya más gente que sepa de economía, pero es que, además de la experiencia, Valdez es quien tiene los contactos y genera la confianza y la tranquilidad requeridas en los agentes locales y en los organismos internacionales en momentos de crisis, por lo que no hay lugar para inventar ni para riesgos adicionales. Eso, casi seguro, el jefe del Estado lo habrá de tener bien claro
encarmedios@hotmail.com



