Por Jorge de León
Todo el conocedor de la política dominicana, con memoria histórica referencial de las últimas cuatro décadas y de los más recientes procesos electorales: tres ganados por Leonel, dos por Danilo y el más reciente por Luis Abinader; saben, que primó la unificación de criterios, la convergencia de sectores sociales diversos y las grandes alianzas entre partidos políticos, en cada uno de ellos; a excepción del de Hipólito, obtenido, por circunstancias póstumas y como premio “post mortem” al fenecido líder Dr. José Francisco Peña Gómez.
La forma tajante, discordante y contraproducente, del rechazo emanado de un sector Peledeísta, hacia la posible alianza con uno de los partidos más jóvenes del sistema dominicano, pero a la vez, con una de las mayores fortalezas estructurales, dígase, la Fuerza del Pueblo, la que surgió con un líder que ya ha tocado las fibras de las bases del partido de la estrella amarilla y las del mismo pueblo dominicano; dejan muchas interrogantes del porqué su justificación o ponderación.
El Acuerdo de Santo Domingo, el Bloque Progresista, la Alianza Rosada, Juntos Podemos, Ganar, entre otros enigmáticos convenios de sectores políticos, han sido determinantes para los últimos triunfos electorales, abarcando estos, lo municipal, congresual y presidencial; lo que evidencia, que en la política post caudillismo, no se gana sin algún tipo de acuerdo entre fuerzas distintas, pero con objetivos comunes, en los diferentes niveles de elección.
Las declaraciones de intención negativa hacia una gran alianza, en días anteriores, de parte, del virtual candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana, han sido cuestionadas, desde adentro hacia afuera en el PLD; también, desde los partidos, que en cinco ocasiones acompañaron al acorazado morado y desde los sectores de la sociedad que han, en más de dos ocasiones, apoyado alianzas a favor de los que hoy se niegan.
La explicación no es razonable; por lo que sin querer llamar al prejuicio ni a la especulación, se evidencia en esta decisión, la elección entre una gran continuidad a los procesos judiciales contra los políticos morados señalados como corruptos; o, el fortalecimiento institucional del partido bochista que gobernó veinte años de los últimos veinticuatros de elecciones constitucionales en la República Dominicana.
Una difícil decisión que atenta contra los que nada tienen que ver con los posibles casos de corrupción; una decisión que lacera el fortalecimiento de un partido con experiencia, estructura y buenos lideres medios y locales en los diversos pueblos, comunidades y sectores de toda la demarcación nacional.
Caen presos o fortalecen su partido, un juego de elección, que a todas luces viene de sectores oficialistas, ya que no hay explicaciones lógicas, estadísticas, estratégicas ni tácticas, para una decisión de esta índole, que apunta contra los que hoy ostentan cargos municipales y congresuales, también contra virtuales candidatos y en definitiva contra el mismo crecimiento y restablecimiento del PLD.
Sin duda alguna, con una expectativa de todo el espectro político, ya pronto sabremos, si los morados negocian sus presos o fortalecen su partido.



