Por Charlie Núñez
Facundo Cabral, cantautor argentino, fue un pensador profundo que la izquierda política disfrutó en la época de la Guerra Fría y que posteriormente criticó porque había renunciado a sus ideales.
La verdad es que Facundo seguía siendo un pensador más profundo. Así fue como descubrió que el paso por la Tierra es corto y el eterno está en el paraíso.
En su primera etapa escribió su canción “Pobrecito, mi patrón”, en cuyo estribillo expresa: “Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. Esta comienza de forma hablada, con una línea que reza: “Juan Comodoro, buscando agua encontró petróleo, pero se murió de sed”.
Como si fuera una prueba de inteligencia, a los dominicanos nos han puesto a decidir entre el agua y oro. El pueblo sabiamente se decidió por el agua, entendiendo, como dice la canción de Facundo, que “más que el oro es la pobreza, lo más caro es la existencia”, pero los ambiciosos prefieren hacer como Juan Comodoro, solo que seríamos nosotros los que moriríamos de sed.
Ante la resistencia de un pueblo, han entrado en un proceso de ablandamiento, para convencerlo de que se deje “joder”, utilizando cuantos “Judas” se encuentren en el camino, y volvemos a recordar la misma canción cuando dice: Solamente lo barato se compra con el dinero”.
A San Juan le están prometiendo el paraíso terrenal, pero para mala suerte de los ambiciosos promotores encabezados por el insaciable Gobierno perremeísta, el ejemplo de Cotuí está ahí: prometieron bienestar a ese pueblo y lo matan poco a poco. Ahora recordaremos a Neruda: “Buscaban oro, y lo buscaban tanto, como si les sirviera de alimento”.
Ahora han descubierto que San Juan de la Maguana es una de las provincias más pobres del país, le han dicho que si no se dejan “explotar” que no le apoyan en su desarrollo. ¡Cuánta ignorancia y cuánta mezquindad! Pero si San Juan es pobre, no es porque no han sacado su oro, es por culpa de los Gobiernos que han querido combatir la pobreza con “ayudas” que mantienen a esta más profunda que el mismo oro.
Eso sí, hemos descubierto algo interesante: no sabíamos de la existencia de un grupo de comunicadores especializados en minería, que se han dedicado en estos días a orientar y asesorar a los sanjuaneros para que se la dejen poner, que no les va a doler.
No se trata de oro o agua, se trata de vivir o morir. Ese oro está ahí desde siempre, los españoles se llevaron lo que pudieron, los de ahora van tras lo que queda.
Sugiero a Luis Abinader y sus amigos, si tanta hambre tienen de oro, que se busquen una batea y se vayan a pescarlo al estilo antiguo: lo que no brote, que no se toque.



