Pinceladas sobre el Estado: misión social y el caso dominicano (13)

Por redacciones

Por: Pedro Corporán

A la altura de 1950, a 175 años de haberse sembrado la semilla primigenia de los derechos humanos de primera generación que son los derechos civiles y políticos, en el contexto histórico de la Carta de Derechos de los Estados Unidos y la Declaración de los Derechos del Hombre en Francia en el siglo XVIII, ampliados a derechos de segunda y tercera generación que hemos esbozado en entregas anteriores, devino una era de involución que duraría 40 años de obscurantismo en la sociedad y el estado occidentalista.

Contrario al florecimiento económico, la Guerra Fría y la carrera armamentista sumergieron a la humanidad en uno de los capítulos más oscuros de la era contemporánea, producido por la guerra ideológica-económica entre el capitalismo y el socialismo por el reparto de los dominios del mundo.

Ambos sistemas recurrieron a los medios más lacerantes, prohijando dictaduras sangrientas, golpes de estado y guerras e invasiones militares genocidas, represión y amordazamiento de derechos y libertades, desapariciones y centros de torturas horripilantes, persecución y asesinatos selectivos, en una orgía de salvajismo humano que recorrió todos los confines del planeta tierra, trascendiendo sus secuelas al llamado mundo occidental.

La huella macabra de las bombas atómicas bautizadas con los nombres de Little Boy y Fat Man sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lanzadas por los Estados Unidos de Norteamérica, los días 6 y 9 de agosto de 1945, se convirtieron en el primer ataque nuclear de la historia y el trofeo de orgullo de la bestialidad de un mundo que no merece la categoría de homo sapiens, desencadenando una carrera armamentista sin alma ni sentimientos humanos, para saciar la ignorancia de la especie de prepararse permanentemente para la auto extinción sobre la faz de la tierra.

La Escuela Militar de las Américas de los mil y un bautizos, fundada en 1946 y establecida en la zona del Canal de Panamá, suplía el “gorilaje” militar para convertir a América Latina en un macabro centro de crímenes de lesa humanidad, en nombre de la guerra fría ideológica-económica entre el águila norteamericana y el oso euroasiático.

A partir de este capítulo de historia, como herencia lapidaria de la era de la guerra fría del mundo bipolar de los Estados Unidos y la Unión Soviética, la víctima secular por 40 años, fueron los derechos humanos, sometidos a lluvia plomiza incesante de la carrera armamentista de los dos grandes imperios del siglo XX. El otrora prolífico estado del bienestar como misión social de bien común, empezó a operar desde el cementerio.

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