Por LUIS ENCARNACIÓN PIMENTEL
Dos elementos puestos de manifiesto en el concurrido acto de puesta en circulación reciente del libro de Héctor Rodríguez Pimentel, Crisis de 1994, fueron la nobleza del doctor Peña Gómez, al sacrificar una victoria que se veía a las claras escamoteada y evitar un derramamiento de sangre, así como la salvedad de que los coroneles en disposición de hacer respetar la voluntad popular no eran conspiradores contra el gobierno de turno, sino que actuaron como guardianes del orden democrático.
Lo de la nobleza del líder del PRD, dice Héctor, que lo expresó en privado el propio doctor Balaguer en un momento en que se buscaba una salida negociada a la crisis institucional. Lo acentúa, por otro lado, Soto Jiménez, uno de los coroneles en la ocasión con ojo avizor, al referir que cuando Peña supo que desmontar el llamado “fraude colosal” podría llevar a un derramamiento de sangre en el país, decidió aceptar un acuerdo.
Los términos del mismo, en otro engaño, de camino fueron variados en el Congreso. Así, a la hora de la firma en Palacio, Hatuey De Camps le advierte al popular líder que el año y seis meses del recorte del período presidencial lo ampliaban a dos años y que el 45 por ciento necesario para ganar las elecciones lo llevaban a un 50 más uno (¿), y Peña le responde que ya se dejara así, que había que salir del serio tranque institucional en el que el país estaba inmerso.
Lo de que el grupo de coroneles o “muchachos de la democracia” no eran conspiradores contra el régimen de Balaguer, sino oficiales comprometidos con la defensa de la voluntad popular y el respeto a la institucionalidad democrática, lo expresó en el acto de la Biblioteca Nacional uno de sus integrantes, el exjefe del Ejército Manuel Polanco Salvador.
Este puso en dudas que el doctor Balaguer fuera a cumplir, ya instalado, con el dos y dos propuesto al líder opositor, al que se viera algo entusiasmado, aunque al llevarlo a consulta Hugo Tolentino y otros le hicieron cambiar de idea. Para muchos, un error, porque Peña, que pudo y debió ser presidente, se acercaba a ser poder y Estados Unidos quería salir de Balaguer.
Como a Jacobo en el 86, trampas y malas artes troncharon la victoria de Peña en el 94, cambiando el curso de la historia.



