Opinión

Partidos políticos lucen fuertes, no se vislumbra espacio a nuevo líder

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Por Danilo Cruz Pichardo


Es cierto que los partidos políticos dominicanos acusan descrédito, pero no es nada exclusivo de las organizaciones grandes ni pequeñas, es el producto de la descomposición y la disminución de los valores morales, que arrastra la postmodernidad y su individualismo y ausencia de compromiso social. Es el mismo fenómeno que se da en el Congreso Nacional, la Policía, la Justicia y las iglesias, para solo citar un puñado de ejemplos.

Los partidos son una auténtica representación de la sociedad. Si la sociedad anda mal, es lógico que las entidades políticas en República Dominicana también anden mal, máxime con la desaparición de las ideologías, las cuales se fueron juntas a líderes de la estatura de Juan Bosch, Joaquín Balaguer y Peña Gómez, que, con sus defectos y virtudes, todavía constituyen importantes referentes.

República Dominicana no puede ni podrá compararse nunca con poblaciones como las de Japón, Finlandia, Dinamarca, Noruega, Singapur y Suiza, que históricamente han encabezado los índices culturales, de capital social, civismo, honestidad y confianza interpersonal. Es correcto que la gente exija cualidades positivas a los líderes de las agrupaciones que procuran el poder, pero sin olvidar que es un aspecto que tiene su techo, porque es un imposible formar un movimiento conjaponeses, noruegos o suizos.

Y los partidos políticos nuestros no han tocado fondo ni están en quiebra conforme a los resultados del grueso de las encuestas de opinión que se han hecho en los últimos meses. Esas investigaciones revelan que el PRM, la Fuerza del Pueblo y el PLD están fuertes. Inclusive el PRD viene marcando bien en ciertos estudios y confirma su condición de cuarta fuerza.

Por lo menos con miras al certamen comicial de 2028 el autor de este artículo no percibe el menor espacio para la improvisación o el surgimiento de un nuevo liderazgo que pueda suplantar a figuras conocidas, como ocurrió en Perú en 1990 con Alberto Fujimori, en Argentina con Javier Milei en 2023 y más recientemente en Colombia, apenas hace semanas, con Abelardo de la Espriella. Podría citar otros tantos casos en la región y en el mundo.

Técnicamente es lo que se conoce como fenómenos políticos, que no son más que individuos que se dedican a otra actividad y deciden incursionar en la política como candidatospresidenciales, levantando un discurso de condena y rechazo absoluto a los tradicionales actores de ese escenario. Ese tipo de alocución, lamentablemente, los electores de determinados países han comprado, exponiéndose, casi en todos los casos, a un salto al vacío.

El tema viene porque de forma insistente al autor de este artículo se le ha preguntado en torno a las perspectivas electorales del joven Santiago Matías (Alofoke), que decidió hacer su debut como candidato presidencial, a través de los comicios de mayo de 2028, por el partido Dominicanos Primero, que se propone formar. Matías goza de sus derechos civiles y de acuerdo Art. 22, numeral 1, de la Constitución, puede efectivamente optar por la primera magistratura del Estado.

Sin embargo, me atrevo asegurar, faltando un año y más de 8 meses para el torneo elector, que las posibilidades de ese muchacho alcanzar mayoría absoluta, en primera o en segunda ronda, son remotas. No hay ninguna investigación que señale que la población está demandando ni necesitando un candidato presidencial con su perfil. ¿Qué plantea Alofoke y a quién representa?

Santiago Matías es un joven que viene de abajo, pero su origen social no significa que sea un digno representante de los pobres ni ha dado muestras de ser un conocedor de los problemas de su país, aunque tampoco otros aspirantes se destaquen, inclusive de los partidos grandes, por sus aptitudes.

Hasta el momento el dato que se ha podido identificar es el de la popularidad de Alofoke en los jóvenes de ambos sexos de los segmentos más pobres, pero no hay nada que garantice transferir esa adhesión al plano político. Es un apoyo que no ha logrado ningún famoso en un proceso de transición desde el arte o los deportes, por ejemplo, hacia la máxima candidatura de elección popular.

Los ejemplos de éxito que hay en el país se limitan a puestos legislativos y municipales.

Respecto a una candidatura presidencial de Alofoke hay aspectos pendientes de definición. Otros son muy evidentes, como en efecto lo es el rechazo que tiene Santiago Matías en las clases alta y media sin ni siquiera conocerse su pensamiento político, si es que lo tiene. Simplemente su conducta resulta detestable en muchos miembros de esos estratos sociales, que rehúyen al vocabulario soez, la soberbia y los gestos de violencia.

En política muchas veces es preferible tener baja tasa de rechazo o no tenerla que contar con cierta popularidad. Lo que podría tener Alofoke en el electorado nacional posiblemente apenas le termine alcanzando para forzar más a una segunda ronda, un escenario que parece definido, por lo menos a esta fecha, porque ninguna de las organizaciones políticas cuenta con mayoría absoluta. Si no hay alianzas importantes es muy probable la celebración de balotaje en mayo de 2028.

Un candidato presidencial que en una primera vuelta se alce con porcentajes que oscilen entre los cuatro y seis puntos resulta ser importantísimo para la escogencia del próximo presidente de la República Dominicana. Ahí podría estar la importancia electoral de Alofoke.