Opinión

Paridad vs. poder real: el desafío de pasar de la representación a la influencia

Por: Solanlly Regalado Medrano
Estratega política, abogada y experta en liderazgo


Liderazgo con visión, política con propósito.


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En República Dominicana, donde la política sigue marcada por prácticas tradicionales, pactos informales y techos invisibles, hablar de paridad ya no es suficiente. La presencia femenina en las boletas avanza, sí, pero el poder real: el que define agendas, mueve decisiones y transforma estructuras continúa concentrado en espacios donde las mujeres aún entran con permiso, nunca por derecho pleno.

El país celebra cada vez que aumenta el número de candidatas, pero la pregunta estratégica es otra: ¿esas mujeres cuentan o solo aparecen? Porque la representación simbólica se aplaude, pero la influencia se construye, se exige y se ejerce. Y en la cultura política dominicana, acostumbrada a que el liderazgo femenino sea “acompañante”, “decorativo” o “equilibrador”, romper ese molde requiere algo más profundo que cuotas.

La paridad abre la puerta.

El poder real decide quién se sienta en la mesa… y quién define el menú.

En los partidos políticos, muchas mujeres logran posiciones, pero pocas tienen incidencia en decisiones sensibles: presupuesto, alianzas, estrategia territorial, comunicación, estructura operativa. No porque carezcan de capacidad, sino porque los espacios del poder siguen respondiendo a lógicas masculinas, a jerarquías históricas y a lealtades que rara vez priorizan la meritocracia femenina.

Y en ese escenario, la pregunta clave para la RD de hoy no es si las mujeres están llegando, sino si el sistema está preparado para que tomen decisiones sin pedir permiso.

La transformación comienza cuando dejamos de medir avances solo por cantidad y empezamos a medirlos por capacidad de incidencia. Cuando las mujeres dejan de ser solo votos captados o candidaturas útiles, y pasan a ser actoras estratégicas que piensan, diseñan, ejecutan y evalúan el proyecto político.

Pero la responsabilidad no es solo del sistema: es de nosotras también.

  • El poder no se espera, se construye.
  • No se mendiga reconocimiento: se ejerce liderazgo.

Hoy, la República Dominicana enfrenta un momento crucial. La sociedad exige instituciones más transparentes, partidos más modernos y liderazgos más éticos. Y en ese nuevo ciclo, las mujeres no pueden seguir ocupando sillas sin poder, ni espacios sin voz. El reto es avanzar de la representación a la influencia, del discurso a la estructura, de la paridad a la capacidad real de incidir.

A la dirigencia política dominicana de todos los colores le toca un acto de responsabilidad histórica: abrir paso, permitir la incidencia y dejar que el liderazgo femenino transforme la forma de hacer política, no solo la forma de verla.

Porque el verdadero cambio no ocurre cuando una mujer ocupa un puesto, sino cuando, desde ese puesto, puede transformar decisiones, prioridades y futuros. Y ese es el nuevo estándar que el país espera, y que nosotras vamos a impulsar.

La paridad abre la puerta, pero solo el poder real sostiene la transformación. Hoy más que nunca, la dirigencia política dominicana debe asumir la responsabilidad histórica de pasar de la representación simbólica a la influencia efectiva.

Un país no avanza cuando las mujeres están; avanza cuando las mujeres deciden.