Por Mihail García
Es innegable la difícil situación económica que viven muchas familias dominicanas. Esto no es una simple queja ciudadana que acapara las métricas de las encuestas; es una realidad que siempre se disputa el primer lugar de preocupación con la inseguridad.
El desempeño económico del año pasado da adquiescencia a la queja social y al sentir ciudadano cuando se afirma que el salario no alcanza y que la situación empeora cada día.
Muestra de ello es que, como he señalado en artículos anteriores, la inflación del 2025 cerró bordeando el umbral máximo del rango meta, impactando directamente en los renglones de alimentos y bebidas no alcohólicas. En «español dominicano», esto se traduce en un golpe directo a los productos que las familias utilizan para sortear el día a día.
A esto hay que sumarle un crecimiento económico prácticamente nulo, muy por debajo del potencial del 5 % de nuestra economía, y con una contracción en las principales actividades generadoras de empleo. Peor aún, se ha registrado una ralentización significativa del medio circulante o, como se dice comúnmente, del «dinero en la calle».
De manera que el pasado año —como ha señalado el presidente Fernández— fue un periodo difícil, horrible, para la economía dominicana. Un año donde los indicadores de crecimiento se contrajeron y donde el dominicano incrementó su autofinanciamiento mediante las tarjetas de crédito.
Para dar peso estadístico a esta aseveración, solo hay que observar los reportes de la Superintendencia de Bancos relativos al uso de plásticos: los dominicanos adeudan más de RD128,900 millones en tarjetas de crédito personales. Este monto representa un aumento del 9.5 % respecto a 2024, lo que equivale a un incremento de RD11,138 millones adicionales en comparación con el año anterior.
Es evidente que muchos usuarios de tarjetas no solo se están endeudando para llegar a fin de mes, sino que una gran parte está pagando el mínimo y otra, involuntariamente, ya ha caído en la morosidad. El índice de morosidad creció un 0.39 % entre 2024 y 2025, mientras que la morosidad estresada aumentó un 0.73 %.
A este desolador panorama se añade que los primeros cinco meses de este 2026 presentan signos de alta negatividad para las familias. El incremento de alrededor de 30 pesos al galón de gasolina presionará al alza el Índice de Precios al Consumidor (IPC), estimulando a que quienes aún no financian su consumo con tarjetas tengan que empezar a hacerlo. Lo que es peor: quienes ya están morosos podrían verse obligados a recurrir al usurero, porque independientemente de la situación financiera personal, los gastos fijos no dan tregua.



